miércoles, 29 de febrero de 2012

MARZO



Marzo es el tercer mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva del latín Martivs, que era el primer mes del calendario romano. Martivs a su vez se deriva de Mars, el nombre en latín de Marte, dios romano de la guerra.

Durante marzo ocurre, alrededor del día 21, uno de los dos equinoccios del año. Este es el equinoccio de primavera en el hemisferio septentrional y el equinoccio de otoño para el hemisferio meridional.
La piedra de marzo es el aguamarina, y su flor, el narciso.

Acontecimientos en marzo

las cocinas de los conventos



La cocina que se dio en los conventos y monasterios fue verdaderamente importante ya que de ahí surgen recetas muy clásicas de la cocina mexicana tan significativas como son los fabulosos Chiles en Nogada, que son sin duda, un distintivo de nuestra  cocina y que se hicieron para agasajar a Agustín de Iturbide, a su regreso de firmar el tratado de independencia. Estos chiles, son el resultado de una cocina mestiza que no tiene comparación y que disfrutamos en el mes patrio pues es la época de la nuez de castilla que es el elemento principal de este platillo.

Otra receta que es muy importante, que no puede faltar en las fiestas mexicanas es el mole, en todos los festejos de los pueblos y comunidades siempre podremos comer un maravilloso mole pues es una tradición dar este suculento platillo para agasajar a los invitados.

Esta genial combinación de chiles, chocolate, almendras, tortilla, etc. hace de éste un platillo incomparable que también surge de los conventos. Aunque desde la época prehispánica se hacia algo parecido, pero con los ingredientes aportados por el viejo mundo, dio paso a la imaginación y destreza que existía en la cocina de los conventos y monasterios para crear este platillo que tiene un sinfín de variedades. Hay muchas maneras de prepararse y hay de muchos colores, como el mole negro, poblano, adobo, verde, amarillito, de Xico y muchos más. Es una receta que se hereda de generación en generación y que siempre se le añade algo del mismo audaz cocinero, lo cual hace que nazca un nuevo estilo de mole. Aunque con la misma base, da un nuevo y delicioso sabor. No hace mucho, en un concurso hicieron un mole poblano al que le faltaban muchos ingredientes del auténtico mole poblano, pero que tenia un sabor mágico que verdaderamente era un placer comerlo y que por llamarse Isabel la autora, lo bautizamos como mole isabelino.

También en los conventos se preparaban deliciosos y artesanales dulces un ejemplo de esto  es el maravilloso legado de Sor Juana que en sus recetas se puede encontrar la gloria al probar esas delicias.
Es así como de monasterios y conventos surge ese importante legado que ha logrado verdaderos tesoros de la cocina tradicional mexicana los cuales se han transmitido durante tantos años, enriqueciéndose en las comunidades; de ahí que nuestra cocina haya sido proclamada con Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

martes, 28 de febrero de 2012

DOMINGO 4 DE MARZO 10 30 AM MUSEO NAL DE HISTORIA Y MUSEO DEL CARACOL

MUSEO NACIONAL DE HISTORIA, CASTILLO DE CHAPULTEPEC
Y MUSEO DEL CARACOL

DOMINGO 4 DE MARZO 10 30 AM

Construido durante la época colonial, el Museo Nacional de Historia conocido por Castillo de Chapultepec, es un edificio emblemático de la Ciudad de México y de la República, ya que en él se registra gran parte de la Historia de México de los siglos XV al XX.

Inicialmente fue una ermita en honor al Arcángel San Miguel, posteriormente fue fábrica de pólvora y morada de los Emperadores Maximiliano y Carlota.

Durante el gobierno de Guadalupe Victoria se convirtió en sede del Colegio Militar, por lo que durante la invasión norteamericana en 1847 fue escenario de la lucha heroica de los Niños Héroes.

De 1872 a 1939 fue residencia oficial de los presidentes de la República desde Sebastián Lerdo de Tejada hasta que el General Lázaro Cárdenas expidió un decreto el 31 de diciembre de 1939 convirtiéndolo en Museo Nacional de Historia, condición que conserva hasta la actualidad.

RECORREREMOS ADEMAS LOS MONUMENTOS CERCANOS AL CASTILLO COMO

PRIMER MONUMENTO A LOS NIÑOS HEROES
CUEVA DE ENTRADA AL MICTLAN
BAÑOS DE MOCTEZUMA
VESTIGIOS ARQUELOGICOS MEXICAS
TRIBUNA MONUMENTAL
FUENTE DE LA TEMPLANZA

CITA DOMINGO 4 DE MARZO
10 30 AM

ACCESO A LA RAMPA DE SUBIDA AL CASTILLO
ENTRADA DE LA ANTIGUA CASA DE LOS ESPEJOS
CONFIRMA TU ASISTENCIA

COOPERACION 50 PESOS POR PERSONA
DOMINGOS ENTRADA LIBRE AL CASTILLO CON IDENTIFICACION NACIONAL
044 55 14840154
guicamza@gmail.com
twitter  @guicamza

http://visitasguiadasporlaciudad.blogspot.com/

CHECA LAS PROXIMAS VISITAS

viernes, 10 de febrero de 2012

VISITA GUIADA DOMINGO 19 DE FEBRERO 10 AM PECADOS NOVOHISPANOS EN EL MUSEO DEL VIRREINATO

PECADOS NOVOHISPANOS EN MUSEO DEL VIRREINATO



La muestra explica cómo se concibió y estableció el concepto de la “lucha eterna del bien y el mal” en la época virreinal, y el uso del arte para enseñar a los indígenas la nueva religión
 

 Libros prohibidos, utensilios para preparar y tomar el afrodisíaco chocolate, recipientes para bebidas embriagantes, y un conjunto de pinturas al óleo que dan cuenta del bien y el mal, algunas que verá el público por única ocasión y otras que por primera vez saldrán de sus recintos, serán reunidas en el Museo Nacional del Virreinato (MNV) para despertar la fascinación del visitante por El pecado y las tentaciones en la Nueva España.

Se trata de una exposición temporal que se inaugura este 11 de febrero en dicho recinto del Estado de México, compuesta por 74 obras de los siglos XVII, XVIII y XIX, la mayoría óleos de gran formato ejecutados por pintores relevantes, entre ellos Cristóbal de Villalpando, Miguel Cabrera y Juan Correa; además de esculturas, objetos de plata, cerámica, madera, cristal y documentos.


El pecado y las tentaciones en la Nueva España reúne además catecismos, confesionarios y libros expurgados durante la Colonia que custodian las bibliotecas “Elías Amador”, de Zacatecas, y la Nacional de Antropología e Historia. Además sobresalen piezas como el escudo del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, elaborado en óleo sobre tela en el siglo XVIII, y una réplica en fibra de vidrio de la monumental pila bautismal del Ex Convento de Zinacantepec, una de las más grandes que existe en México.

ademas visitaremos el museo mas bello dedicado al arte virreinal en todas sus facetas

para asistir confirma tu asistencia y te daremos el punto de encuentro para llegar todos juntos

medio de llegar en el  metropolitano estacion lecheria sale un pesero
metro 4 caminos tambien hay transporte

cooperacion por persona 50 pesos
domingo entrada al museo libre

ademas escucharemos el concierto del coro del orfeo catala en la iglesia de san francisco javier
a las 13 hrs

confirma por favor
guicamza@gmail.com
044 55 14840154
twitter. @guicamza

martes, 7 de febrero de 2012

SABADO 11 DE FEBRERO VISITA GUIADA " LA ESCULTURA VIRREINAL EN LA NUEVA ESPAÑA " MUSEO FRANZ MAYER



ESTA SEMANA  LA VISITA SERA EN SÁBADO PUES EL DOMINGO TENGO UN COMPROMISO

Localizado en la plaza de la Santa Veracruz, frente a la Alameda Central, en un edificio notable de la segunda mitad del siglo XVIII, el Museo Franz Mayer alberga la principal colección de artes decorativas de México y presenta exposiciones temporales de artes decorativas, diseño contemporáneo y fotografía.

durante dos horas y media recorreremos la exposición temporal
"los escultores novohispanos y sus obras"


A partir de la llegada de los primeros misioneros a la Nueva España se inició una de las tradiciones artísticas más importantes en el territorio americano: la imaginería religiosa, en la que muchos artistas novohispanos sobresalieron por la calidad de sus obras.

En la muestra es posible contemplar la diversidad de materiales y técnicas con las que fueron realizadas las esculturas de los siglos XVI al XVIII, entre ellas es posible apreciar esculturas talladas en madera, policromadas y estofadas, así como piezas realizadas en pasta de caña de maíz, piedra o alabastro, entre otros materiales.
Febrero 3 – abril 15

ademas recorreremos la nueva cara de la colección permanente y nos adentraremos en la cultura novohispana y sus estilos de vida

SABADO 11 DE FEBRERO 11 AM

CITA PLAZA DEL MUSEO AV HIDALGO 45 FRENTE A LA ALAMEDA
EN LA FUENTE DE LA ENTRADA DE SAN JUAN DE DIOS

COOPERACION 50 PESOS POR PERSONA
MAS ENTRADA AL MUSEO
Tarifa:
Admisión general $45.00
Estudiantes y maestros $25.00
Entrada gratuita a miembros del ICOM, afiliados, adultos mayores de 60 años
y niños menores de 12 años

CONFIRMA TU ASISTENCIA POR FAVOR
044 55 14840154 guillermo campos
guicamza@gmail.com
@guicamza  twitter

viernes, 3 de febrero de 2012

CASAS Y PALACIOS DE LA CIUDAD DE LOS PALACIOS

Casas y Palacios de la Ciudad de los Palacios




Poco tiempo después de la conquista de Tenochtitlan se fundó la Ciudad de México. La nueva traza, creada por Alonso García Bravo en forma de retícula sobre la traza de la ciudad prehispánica dio origen a una urbanización vanguardista, diferente a las viejas ciudades que hasta entonces se habían realizado en Europa y España.

Inmediatamente después, comenzó, el reparto de amplios solares a los conquistadores españoles mas destacados y dio inicio la construcción de grandes casas.
Durante el siglo XVI, las difíciles condiciones en las que se había dado las cruentas luchas entre indígenas y españoles provocaron que las primeras casonas levantadas en la nueva ciudad por los españoles tuvieran características defensivas. De esas primeras casas de grandes patios y espaciosas habitaciones construidas en el centro de la ciudad no queda ninguna, se dice que eran recias y sobrias, de altos y gruesos muros, comunicadas al exterior por fuertes y pesados portones de madera enmarcados por bellas portadas renacentistas.

Con el paso del tiempo y la consolidación de las riquezas de las familias de algunos poderosos conquistadores o de afortunados comerciantes y mineros, aunado al mal estado de algunas de las casas ocasionado por los fuertes temblores y las constantes inundaciones, llevaron a sus habitantes a reconstruirlas, adquiriendo éstas nuevos elementos arquitectónicos y decorativos que mostraban la importancia y el origen de sus moradores.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII la ciudad de México se verá constantemente embellecida con nuevos y suntuosos palacios y templos construidos por los arquitectos de mayor fama y renombre que utilizaron el repertorio formal arquitectónico existente, sin límite alguno, dando vuelo a la imaginación en sus exuberantes decoraciones barrocas sobre los vistosos muros del rojo y aterciopelado tezontle con vistosos remates de afiligranados encajes de gris cantera.
De la misma forma se levantaron majestuosos palacios, edificios de gobierno y templos que engalanaron el perfil de la ciudad.
Es así, que podríamos decir que no existía calle o plaza alguna de la Ciudad de México que no estuviera engalanada con una majestuosa casa o palacio, que motivó a que alguien admirado por el número y su majestuosidad la llamara la Ciudad de los Palacios.


Detrás de las exquisitas fachadas de estas Casas y Palacios se abrían excelentes y amplios patios rodeados de bellas arcadas formados por esbeltos pilares, columnas y fuentes ricamente labradas. Alrededor de los patios y sus majestuosas escaleras se abrían entre sí los maravillosos salones, habitaciones y capillas que aun nos permiten transportarnos e imaginar la forma de vida y costumbres cotidianas de sus habitantes.
Casas como la Casa del Marquesado del Valle de Orizaba (Casa de los Azulejos), del Conde de Xala, del Conde de Jaral de Berrio (Palacio de Iturbide), de San Mateo Valparaíso, de Santiago de Calimaya o el de Heras Soto y palacios como el de la Santa Inquisición o el Palacio del Ayuntamiento entre otros, nos muestran la destreza y el ingenio de sus hábiles constructores en cada uno de sus vistosos detalles.
Visitarlas y conocerlas, nos permitirán introducirnos y comprender parte de nuestra historia, vasto patrimonio y rica cultura.

LOS CONVENTOS MASCULINOS DE LA NUEVA ESPAÑA

Conventos MASCULINOS en la Nueva España
Mucho se ha hablado de la vida conventual femenina en la Nueva España, pero ¿Cómo se desarrollaba la vida de los varones en los conventos masculinos?

En la antigua ciudad de México existían doce órdenes religiosas masculinas de muy diferente procedencia y espiritualidad; franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, mercedarios, jesuitas, filipenses, juaninos, antoninos, hipólitos y betlemitas se hacían cargo de las diferentes instituciones religiosas y de salud que existían en la ciudad.

conv3conv4fray
conv2asTodos los aspectos de la vida cotidiana de una comunidad religiosa como; horas de comida y rezos, forma y color del hábito, elección de las autoridades y administración de la economía conventual entre otros muchos aspectos, se encontraban reglamentados con gran minuciosidad en las constituciones de cada orden.
Mucho se ha hablado de la vida conventual femenina en la Nueva España, pero ¿Cómo se desarrollaba la vida de los varones en los conventos masculinos?

En la antigua ciudad de México existían doce órdenes religiosas masculinas de muy diferente procedencia y espiritualidad; franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, mercedarios, jesuitas, filipenses, juaninos, antoninos, hipólitos y betlemitas se hacían cargo de las diferentes instituciones religiosas y de salud que existían en la ciudad.

Todos los aspectos de la vida cotidiana de una comunidad religiosa como; horas de comida y rezos, forma y color del hábito, elección de las autoridades y administración de la economía conventual entre otros muchos aspectos, se encontraban reglamentados con gran minuciosidad en las constituciones de cada orden.

convA través de ellas se regulaba su funcionamiento interno y el control de sus miembros desde el momento mismo de su ingreso. El primer ámbito que pisaba un joven que pretendía pertenecer a cualquier comunidad religiosa era el noviciado, al que se ingresaba, comúnmente, entre los trece y los quince años. A partir de su ingreso el postulante vivía durante un año a prueba. En ese periodo era instruido en la espiritualidad de la orden y en la práctica de las obligaciones conventuales.

El ingreso al noviciado no requería más que la manifestación de la voluntad, sin la necesidad de hacer ningún pago y sin otros requerimientos que los de tener pleno uso de las facultades físicas y mentales y el de ser hijo de matrimonio legitimo.

Una vez transcurrido el año de noviciado, el postulante era aceptado como fraile, es decir como hermano de la comunidad. En la ceremonia, realizada en la iglesia conventual, se le tonsuraba rasurando un pequeño círculo de cabello en la coronilla y se imponía un hábito de paño del color que distinguía a su orden. Acto seguido el postulante pronunciaba los votos de pobreza, castidad y obediencia que establecían todas las reglas conventuales.

Por el voto de pobreza, el recién ingresado prometía no poseer bienes propios, ni portar adornos de oro o de plata, ni llevar vestidos lujosos; por el de castidad, no tener relaciones carnales; por el de obediencia, reducir su voluntad a las ordenes de sus superiores. Sin embargo, estos votos no se cumplían siempre al pie de la letra.

Una vez hecha su profesión solemne, el fraile podía seguir dos caminos. Los menos, quedaban como hermanos legos para servir en labores manuales, pues por su condición social no podían aspirar a otro esta estatus.

La mayoría, en cambio, realizaba sus estudios de gramática latina, filosofía y teología para llegar a su consagración sacerdotal. Por ello, una sección importante del área habitacional de los grandes conventos urbanos estaba ocupada por los salones de clase de la casa de estudios y por la biblioteca, que en muchos casos, llegaba a contener miles de obras.

Junto con sus clases, los jóvenes frailes debían asistir a las horas conventuales en el coro, razón por la que también se les denominaba coristas. Ocupaban además un lugar especial en el refectorio y dormían juntos en celdas comunales. Al igual que los novicios, los coristas eran encargados a dos maestros “lectores” quienes escogían a uno de los estudiantes mas virtuosos para que vigilaran el estudio, el sueño y el rezo de sus compañeros. Al paso del tiempo, el joven corista iba recibiendo  las órdenes menores (hostiario, lector, exorcista y acólito) y las mayores (subdiácono, diácono y presbítero). Cuando, después de seis años, el estudiante terminaba sus estudios, era presentado ante el arzobispo para recibir la ordenación sacerdotal.

Entonces el fraile pasaba a otra situación jurídica, con nuevas obligaciones, pero también con muchos derechos.

La vida de un fraile sacerdote estaba regulada en cada una de las horas del día. Junto a la oración y a las comidas comunitarias y cotidianas, los frailes tenían como obligación semanal el asistir al capítulo de culpis. En él, cada uno debía confesar ante sus hermanos de hábito las faltas cometidas en la semana y someterse al castigo que el prior del convento les impusiese.

En varias de las órdenes, donde los estudios constituían una de las más importantes actividades, los primeros honores eran conferidos a los docentes de las casas de estudios.

Entre ellos, sin embargo, existía una rigurosa jerarquía de escalafones que reflejaba la preocupación social por las preeminencias. Toda la actividad conventual convergía en los claustros, espacio central para la vida cotidiana donde los frailes entraban en contacto con los laicos.

Un gran convento urbano tenía porlo menos dos claustros, al igual que las casas palaciegas. Uno de ellos, el mas suntuoso, daba acceso a las áreas de la vida comunitaria de los religiosos, el otro a las de servicio. En los grandes claustros mayores era común ver a numerosos hombres laicos de todos los grupos sociales que llegaban al convento a tratar los más diversos asuntos: indígenas cargando bultos; mestizos llevando abastos, muebles y mercancías; sirvientes mulatos, filipinos y negros arribaban con recados de sus amos y amas; comerciantes, burócratas y hacendados españoles que acudían a arreglar negocios o a solicitar favores. Las únicas personas que tenían prohibida la entrada a los conventos, por razones obvias, eran las mujeres.

Aunque el silencio en los claustros estaba prescrito por las constituciones, al igual que en el refectorio, los dormitorios y el coro, el bullicio debió ser una de las características más notables. Exceptuando, quizá, el periodo cuaresmal, en el que, para estimular la meditación, los claustros eran utilizados para las silenciosas procesiones que seguían el camino de las pinturas murales y las estaciones del Via Crucis; el resto del año podían ser escenario de banquetes e incluso de representaciones teatrales.

Tampoco fueron raros en las celdas los juegos de naipes y las tertulias, con asistencia de laicos y donde circulaban a discreción chocolate y bebidas alcohólicas.

Junto al claustro mayor se encontraba, regularmente, uno más pequeño, alrededor del cual ser distribuían; la cocina, la panadería, la despensa, la cava, las habitaciones de la servidumbre y las caballerizas.

En grandes conventos como Santo Domingo y San Francisco estos claustros se comunicaban con las huertas y jardines conventuales.

Numerosos sirvientes y algunos esclavos se encargaban de las arduas labores de estas dependencias, a veces ayudados por dos o tres hermanos “donados”, que habían sido regalados al convento por sus padres desde la niñez, y bajo las ordenes de varios frailes legos.

En los grandes conventos mendicantes de la ciudad de México llegaron a habitar hasta doscientas personas entre sirvientes, coristas, novicios y sacerdotes.