martes 30 de agosto de 2011

domingo 4 de septiembre visita guiada al museo de las intervenciones




El Museo Nacional de las Intervenciones fue abierto al público el 13 de septiembre de 1981. El 6 de abril de 2006 se inauguró el salón de usos múltiples Gastón García Cantú y el centro de consulta El Catalejo de la historia, creado en la primera etapa del proyecto de reestructuración integral del museo, que ofrece al visitante la posibilidad de acercarse al conocimiento de la historia de México por medio de libros, folletos, videos, interactivos y discos sonoros.


La colección permanente del museo se compone de litografías, banderas, armas, mobiliario y accesorios tanto civiles como militares de época, combinados con diferentes reproducciones que permiten recrear museográficamente los hechos históricos, sobre todo los relacionados con las distintas invasiones militares de los siglos XIX y XX. Este museo ofrece visitas guiadas, eventos artísticos, conferencias y cursos relacionados con el tema de las intervenciones.


Se ubica en un antiguo convento que los franciscanos cedieron a la orden de los dieguinos en 1580, los cuales establecieron allí su noviciado y el colegio de formación de misioneros que evangelizaron Filipinas, China y Japón. El inmueble se usó como cuartel militar durante el siglo XIX y fue uno de los escenarios donde se libró una de las batallas más importantes contra el ejército estadunidense en 1847.


EN ESTE MES PATRIO VISITAREMOS ALGUNOS LUGARES LLENOS DE HISTORIA MEXICANA
COPERACION 70 PESOS POR PERSONA
PUNTO DE ENCUENTRO ENTRADA DEL MUSEO 12 DEL DIA
044 55 14840154

METRO CERCANO GENERAL ANAYA

viernes 26 de agosto de 2011

NO DEJEMOS PERDER ESTE TESORO Templo del antiguo hospital de san antonio abad



En la antigua calzada de Iztapalapa, que todos conocemos como San Antonio Abad en la esquina con el Callejón del mismo nombre se encuentran los restos de lo que fuera uno de los hospitales más importantes de la Ciudad de México.

Procedentes de Burgos, España, los Canónigos Regulares de San Agustín del Instituto de San Antonio Abad llegaron a México en 1628, poniendo la primera piedra de su hospital el 3 de abril de 1687.
Por tratarse de un hospital que atendería a enfermos de lepra y otras enfermedades semejantes les fue autorizado construirlo fuera de la ciudad, instalándose en el límite sur de la ciudad, en donde construyeron convento y templo para atender principalmente a los enfermos del “Fuego de San Antonio”.
También conocido como "fuego del infierno" o "fiebre de San Antonio", es una enfermedad causada por la ingesta de alimentos contaminados por ciertos hongos que producen envenenamiento, alucinaciones*, convulsiones y contracción arterial, necrosis de los tejidos y la aparición de gangrena, principalmente en las extremidades que finalizaba en una muerte súbita.
Los Antoninos fueron desalojados del conjunto hospitalario en la primera mitad del siglo XIX. El convento y el templo fueron vendidos a particulares siendo usados como viviendas y fábrica de hilos. En 1844 se vendió el edificio al francés José Faure, que incluía la casa del Capellán y después hasta el mismo Templo, todo ello en 17,000.00 pesos.
Los Antoninos
En el año de 1095, se creó la orden religiosa de los Antoninos en un lugar del Arzobispado de Viena. Fue fundada por dos nobles caballeros que hicieron una promesa al haber sanado de lepra, enfermedad que en esa época, además de terrible era incurable.
Al crearse la orden los Antoninos, su misión primordial fue la de socorrer y cuidar a los enfermos, no sólo de lepra, sino de cualquier otro mal.
Los Antoninos no vestían hábito alguno, y eran reconocidos por una “T” de color azul que llevaban impresa en sus capas. Tampoco hacían votos eclesiásticos y su única misión era recoger cualquier enfermo y cuidarlo en su convento, que hacía las veces de hospital.
Pero su mayor mérito era que todo ello lo hacían con recursos que adquirían de la caridad, ya que ellos no contaban con bienes propios, y de la caridad vivían y de la caridad cuidaban a sus enfermos.
En el año de 1208 el papa Inocencio III les concedió vivir bajo las reglas de San Agustín y les dio a gozar de innumerables prerrogativas y privilegios. En uno de ellos les autorizó a recoger limosnas de toda la cristiandad. En otro caso, les autorizó a construir sus propias iglesias sin pagar diezmos.
El Templo
De todo el conjunto hospitalario, solo se conserva el sencillo y pequeño templo que es de una sola nave.
En la fachada sobresalen su sencilla y austera portada y el pequeño campanario. La portada es de dos cuerpos y sobre el acceso destaca un sencillo nicho con venera entre dos pilastras de estilo dórico con estrías. Sobre el nicho se pueden apreciar dos hiladas de cantera inclinadas que parecen formar un tímpano triangular muy apuntado, a sus lados dos pequeñas ventanas que debieron iluminar el pequeño coro. Toda la fachada está rematada por un gran tímpano triangular.
Los altos muros perimetrales del templo de piedra desnuda están reforzados por contrafuertes.
Desafortunadamente, este templo, de gran valor histórico y arquitectónico ha sido abandonado por mucho tiempo. Hace unas décadas fue atendido por la Secretaría de Desarrollo Urbano del gobierno federal pero fue nuevamente abandonado sin dársele un uso adecuado, volviendo al abandono total.
Sería muy importante, que este valioso inmueble fuera total y adecuadamente restaurado y se le diera un uso digno para la comunidad de la zona y para la ciudad. Creemos que el Templo de San Antonio Abad debería integrarse al proyecto de mejoramiento de la Plaza de Tlaxcoaque que realizará el gobierno capitalino. Esto permitiría rehabilitar una de las zonas más antiguas de la Ciudad de México y rescatar nuestro valioso patrimonio del olvido y desinterés de las autoridades locales, federales y de la población en general.

A PUNTO DE PERDERSE, EL TEMPLO DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Templo de la Santísima Trinidad
En la antigua plazuela de María Santísima, al oriente de la antigua Ciudad de México, se levanta el Templo de la Santísima Trinidad, que tiene su origen en tres construcciones anteriores.

En este sitio el gremio de sastres había edificado una ermita y un hospicio para albergar indigentes en el siglo XVI, los sastres, que fundaron la Archicofradía de la Santísima Trinidad junto con la Cofradía de San Pedro establecieron el Hospital de San Pedro para atender a los clérigos seculares, enfermos y ancianos y levantaron el templo de la Santísima Trinidad, dedicado en 1667. La Archicofradía de la Santísima Trinidad, tuvo como principales objetivos la práctica de cuatro obras de misericordia: enterrar a los muertos, visitar a los enfermos, redimir al cautivo y dar posada al peregrino.
Para el siglo XVIII, fue necesario reconstruir el templo, iniciándose la obra en 1755, la cual fue dedicada en 1783. Hasta el momento se desconoce el autor, pero por sus características la obra se atribuye a los arquitectos Lorenzo Rodríguez e Ildefonso Iniesta Bejarano, autores del Sagrario Metropolitano y del Templo de Tepozotlán respectivamente.
A consecuencia de las Leyes de Reforma, el templo de la Santísima fue clausurado en 1861, desapareciendo los retablos barrocos que ornamentaban su interior.
Considerado uno de los templo barrocos más importantes de la ciudad, el Templo de la Santísima sobresale por la riqueza de su fachada barroca en la que destaca el relieve que representa a la Santísima Trinidad flanqueado por altos estípites, la torre ricamente labrada con forma de tiara papal, de la que llaman la atención los estípites inacabados de la torre, pues podrían indicar que tal vez algunos elementos ornamentales se labraban in situ.y su hermosa cúpula decorada con azulejos.
Su planta es de cruz latina. En la portada lateral se encuentran el apóstol San Pedro, San Antonio Abad, San Juan Bautista y un relieve que representa la imposición de la casulla a San Ildefonso. La portada lateral es de mejor factura si se le compara con la portada principal.
El templo contaba en su interior con obras de gran calidad artística. Se tiene noticia de que tanto el presbiterio como los muros laterales estuvieron revestidos por excelentes retablos dorados que han desaparecido.
Hoy en día se conserva el cancel en la entrada principal, que presenta una talla interesante a base de molduras que forman diseños geométricos, motivos vegetales y figuras de sirenas, la balaustrada del coro tallada en madera ornamentada con ángeles pintados en dorado que sostienen canastos de frutas.
En el templo son muy veneradas las imagenes de la Virgen del Perpetuo Socorro y una pequeña imagen de la Santísima Trinidad de excelente factura, conserva también en la entrada al templo un hermoso cancel de madera.
La poca resistencia del subsuelo de la Ciudad de México ocasionó que el templo sufriera de hundimientos, aun antes de ser terminado. En los años de 1805-1806 se elevó el nivel del piso a fin de impedir que en tiempo de lluvias el agua invadiera el interior. En 1855 se tuvo que cerrarse al público. Fue reabierta en 1858.
El hundimiento llegó a los 2.85 metros. En la década de 1980 se rescató el nivel original del templo que permite apreciar al monumento tal y como debió lucir en el siglo XVIII.
El Templo de la Santísima Trinidad fue declarado Monumento el 20 de agosto de 1932, y la parte del Hospital en Santísima No. 8, el 2 de junio del mismo año. El inmueble se encuentra bajo el régimen de propiedad federal y fue incluido en el Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 11 de abril de 1980.
Si bien, ya se han realizado algunos trabajos de reestructuración, el templo requiere de algunos trabajos de restauración y mantenimiento, ya que muestra algunas fallas estructurales y cierta falta de atención en el interior y exterior del inmueble que deben ser atendidos por las autoridades federales correspondientes.
En cuanto al hospital, éste fue fraccionado y vendido a particulares que le han dado diferentes usos. Aun se conserva el claustro principal y buena parte de sus muros originales. En él se alojan actualmente locales comerciales y el Centro de Salud Dr. Eduardo Liceaga.
Resulta también necesario el mejoramiento de su entorno urbano inmediato que requiere de trabajos urgentes de limpieza, reparación o sustitución del pavimento existente, colocación de mobiliario urbano, restauración de fachadas, colocación de letreros comerciales adecuados y mejoramiento de la seguridad pública que le devuelvan la dignidad a la zona.

EL CONVENTO DE CORPUS CHRISTI, ALAMEDA CENTRAL MEXICO DF

El convento de Corpus Christi
Concebido por el arquitecto Pedro de Arrieta, el convento de Corpus Christi fue concebido para albergar a las hijas de caciques indígenas, como respuesta a la necesidad de la élite indígena de acceder a instituciones educativas y religiosas con la anuencia de la Corona.
aEl edificio comenzó a construirse, en un predio frente a la Alameda, el 8 de febrero de 1720, y fue concluido el 12 de septiembre del mismo año. La obra tuvo un costo de 30,000 pesos oro, pero se mantuvo cerrada hasta el 10 de julio de 1724 en que fue bendecido por el arzobispo Lanciego.

Corpus Christi fue fundado por monjas llegadas de los conventos de Santa clara, San Juan de la Penitencia y Santa Isabel y siguieron la regla de Santa Clara, que se apegaba mas al espíritu de austeridad y piedad que prevalecía entre los indígenas de ascendencia noble.

Su fundador y patrono fue el virrey don Baltasar de Zúñiga Guzmán Sotomayor y Mendoza, Marques de Valero y Duque de Arión (1716-1722) quien dio todo su apoyo a dicha empresa y vigiló su cumplimiento aun después de su muerte (1727), como se manifiesta en un recibo y cance-lación, ante el escribano real y receptor Manuel de Esquivel, en este documento quedó constancia de la última voluntad del virrey; “que su corazón fuese llevado en una caja a disposición de sus testamentarios a esta corte para que aquí fuese sepultado en el referido convento de religiosas indias de Corpus Christi, que dicho señor excelentísimo, siendo tal virrey quien a sus expensas fundó, y que al mismo tiempo se fundase por su alma, un aniversario de vigilia y misa en cada un año, y en cumplimiento de dicha clausula los señores albaceas de dicho señor excelentísimo entregaron dicho corazón al capitán don Francisco Obregón, quien entregó el referido corazón en dicho convento de religiosas en la forma y modo que se le entregó en la villa de Madrid donde se sepultó con la solemnidad que convino”.
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El corazón del virrey permaneció en el mismo lugar del convento hasta nuestros días, sobreviviendo al paso de las revoluciones, los gobiernos, las restauraciones y al paso de la naturaleza.

En el siglo XIX, después de más de 140 años de ocupación de su convento, las monjas fueron, finalmente, ex claustradas en 1867. La iglesia de dicho convento permaneció abierta al culto católico, en cambio el convento fue destinado a Escuela nacional de Profesores para la enseñanza de sordo mudos. Más adelante se le dieron, tanto al templo como al convento, diversos usos hasta el año de 1948 cuando el inmueble fue asignado al INAH, tres años después, esta dependencia celebró un convenio con el Instituto Nacional Indigenista a fin de que en las instalaciones del templo se creara el Museo de Industrias y Artes Populares.

En los años cincuentas fue demolido el convento. Con los sismos de 1985 el edificio sufrió graves daños, finalmente, debido a la humedad y los daños estructurales del edificio fue desocupado en el año de 1995. En diciembre de 2003 se inician los trabajos de rescate y restauración del templo de Corpus Christi y el inmueble es elegido para albergar el Acervo Histórico del Archivo General de Notarias de la Ciudad de México.

Tras largos meses de trabajos de restauración en los que participaron especialistas de diversas disciplinas adscritos al INAH, INBA, y la UNAM, el ex templo fue rehabilitado y se construyó un edificio anexo; en su interior se hallaron vestigios arqueológicos que abren una nueva ventana al pasado prehispánico y colonial; ejemplo de ello es el hallazgo del corazón del virrey, que surgió de entre los muros. Otro tesoro rehabilitado en el ex templo fue el mural del maestro Miguel Covarrubias de 1951 titulado; “Geografía del Arte Popular en México”. El 14 de julio del 2005 el ex templo de Corpus Christi fue reinaugurado, reapareció frente a la Alameda Central conviviendo con todos los monumentos de Avenida Juárez.

El corazón de Don Baltasar de Zúñiga, quien fuera nombrado por el rey Felipe V el 22 de noviembre de 1715 virrey, gobernador y capitán general del reino de la Nueva España y presidente de la Real Audiencia de México, fue reubicado en el mismo lugar donde él pidió que fuera colocado y donde estuvo oculto durante casi tres siglos.

El archivo brinda el servicio de consulta a Notarios, autoridades administrativas así como a investigadores y particulares. El fondo contiene documentación notarial desde 1525 a 1935 clasificada cronológicamente que constituye un verdadero tesoro documental.

LOS SABORES DE SEPTIEMBRE

Los Sabores de Septiembre
Bien sabido es que en México cualquier pretexto es bueno para reunirse a festejar y sobre todo… a comer. Es por esto que durante la tarde del 15 de septiembre platillos como la tinga, la pata en fiambre y el picadillo adornan las crujientes tostadas que son bendecidas con salsa, queso y crema antes del goloso festín independentista.

Los tamales, el mole, la birria, el chicharrón en salsa y antojitos como las quesadillas, sopes, huaraches, pambazos, picaditas, tlacoyos y gordas, también se agregan a la carta de lo que hasta hoy día se conoce como “la noche del grito”.
Septiembre es el mes en que la fiesta se une, una vez más, a la gastronomía de nuestra tierra y se hace presente en las mesas de los hogares y en la mayoría de los restaurantes tradicionales.
Platillos como los chiles en nogada se precian de ser de temporada ya que es la época en la cual las nueces de castilla son ofrecidas por las marchantas en los mercados y las granadas ofrecen sus rojos granos para nuestro deleite, además de regocijarnos en su soberbia preparación que nos remonta a su conventual e imperial.
Es el mes de los buñuelos, de las verbenas populares, de las luces tricolor y las farolas; es el mes del folklore, aquel que se hace visible en los vitroleros cuyo contenido se compone de los colores que representaron simbólicamente las tres garantías buscadas en el ideal de los criollos de principios del siglo XIX encabezados por Iturbide: verde de independencia, blanco de religión y rojo de unión. En el caso de la mesa, esos colores serían representados por: el verde de limón con chía, el blanco de la horchata de arroz y el rojo de la flor de jamaica.
Todo esto, enriquecido con adornos como sarapes polícromos, manteles de papel picado, banderas o pairolas y el sonido de los sones de mariachi, o los jarochos, sin faltar las bebidas que raspan la garganta como el mezcal, el tequila o la charanda, todo esto envuelto entre la alegría del confeti y las serpentinas.
Algo sucede en este día, aún calzando tenis nike, Reebok o accesorios Louis Vuiton o Tous, a las mujeres les da por ser chinas y, las que pueden, se hacen trenzas o si no se las compran postizas; o también les da por sentirse las negras del son que indudablemente nos pone a bailotear en cualquier momento que se haga escuchar y a los caballeros, aunque se llamen Irvin, Alan o Cristian (así sin la h), les da por sentirse el Juan charrascado de la fiesta. No importa, ese día todo se vale y hasta el más mínimo detalle: como una banderita hecha de chaquiritas colocada en la solapa nos hace sentir más mexicanos.
Las mesas cambian la sobriedad de sus manteles y se pintan de los colores más mexicanos: fucsias, morados, verdes, rojos, blancos, amarillos, eso si, lo más chillante posible. Sobre estos manteles, se colocan las cazuelas o cacerolas que nos invitan al glotón goce.
Por supuesto que entre todos los platillos que conforman el menú de la cena, no puede faltar un platillo típico de esta temporada, al Pozole, palabra que nos remite a la fiesta, sabor y tradición. La raíz pozolli, la encontramos en el idioma Náhuatl cuyo significado es espuma. El origen de este tan popular platillo se remonta a tiempos tan lejanos como el origen del mismo maíz y podemos encontrar documentos que citan la presencia del pozole en la cultura mexicana desde los escritos recopilados por fray Bernardino de Sahagún.
Este plato septembrino, se ha regionalizado a través de los tiempos y hoy puede consumirse según la región, ya sea rojo, blanco o verde y preparado con carnes de pollo o cerdo, eso si, con el maíz indispensable, sus rabanitos, col y orégano esparcido con sutil destreza previamente triturado co las palmas de las manos.
Con comida e historia (aunque a veces en ella se conozca apenas lo necesario) la reunión nacionalista resulta divertida y sabrosa. Es el momento de ver a los seres queridos y comenzar a hacer mención de las pachangas que a partir de esta fecha seguirán, por lo que entre tostada y tostada se escuchan frases como ésta:
Nancy.- ¡Ay Marichú… que cosa, que nomás llega septiembre y se acaba el año!
Marichú.- ¡Si, Nancy, después del grito ya es navidad!
Hoy a 198 años del inicio de la lucha por la Independencia, las familias mexicanas continúan reuniéndose con entusiasmo y espíritu patriótico. Y vasta sentir como comienza a cambiar, por ahí del 10 de septiembre, el ritmo de la gente en las vecindades, en las casas, en las oficinas, en las cuales comienza el alboroto y la gente se pone de acuerdo para la fiesta y ver quien “pone” los guisos, quien la música, quien los adornos y hasta quién arma la representación con los héroes que nos dieron patria como aderezo a tan emotiva cena.
Y como el espacio de los acontecimientos, el Centro Histórico se precia de ser uno de los grandes escenarios para esta tertulia casi bicentenaria, ya sea desde sus calles y avenidas adornadas con luminosos festones o desde su majestuosa Plaza de la Constitución (tan peleada en últimas fechas) y su emblemático alumbrado que se puede apreciar co todo su esplendor la noche de la celebración.

México tiene lo suyo, aún en los tiempos de transición la gente de esta tierra seguirá sabiendo compartir uno de los grandes tesoros; su cultura, heredada del conocimiento de sus ancestros; de aquellos Moros que mezclaron su sangre y su cultura con los castellanos; de aquellos españoles que se asombraron ante ella allá por el siglo XVI, de aquellos africanos, que aprendían a comer de tres continentes, y de cada uno de los seres que han vivido, caminado, amado, pero sobre todo comido, en nuestra bendita tierra.
¡Que viva México! Y ¡Que viva bien! Que bien se lo merece.

miércoles 24 de agosto de 2011

domingo 28 de agosto visita guiada museo casa de carranza





este domingo 28 conoceremos la casa porfiriana donde venustiano carranza vivio los ultimos seis meses de su vida.

En noviembre de 1919, el presidente Venustiano Carranza renta la casa por seis meses y habita en ella a lado de su hija mayor, Julia Carranza, debido a que para entonces su esposa ya había fallecido. Los fines de semana era visitado por su hija menor, Virginia Carranza junto con su esposo Cándido Aguilar.

El 7 de mayo de 1920 Carranza se dirigió a Veracruz, pero fue asesinado el 21 de mayo en Tlaxcalantongo, Puebla. Sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México y velados en la sala de esta misma casa. Después de la muerte de Carranza, el general Juan Barragán y el coronel Paulino Fontes compraron el inmueble y se lo obsequiaron a la señorita Julia Carranza.

ahora es un museo lleno de objetos historicos muy interesantes

despues visitaremos brevemente el museo el eco un lugar maravilloso
El Museo Experimental El Eco es un lugar de encuentro para las artes. El museo busca ofrecer varios contextos para prácticas artísticas y el desarrollo de conocimiento cultural. Enfatizando el experimento, la emoción y el pensamiento interdisciplinario, el espacio se inspira continuamente en su arquitectura única y los diversos intereses conceptuales de su fundador, Mathias Goeritz.

punto de encuentro: entrada del museo carranza
rio lerma 35 casi esquina rio amazonas a dos cuadras de reforma 222
cooperacion 70 pesos por persona
confirma tu asistencia por que entregaremos material impreso
044 55 14840154 memo campos

Metro:

La línea 1, color rosa, la estación más cercana es Metro Insurgentes salida a Genova
La línea 2, color azul, la estación Metro Hidalgo, se aborda cualquier camión sobre Paseo de la Reforma que vaya dirección Auditorio, Chapultepec ó Km.13 y se hace la parada una vez cruzando la Av. Insurgentes, antes de llegar a la Glorieta de la Palma, Río Lerma es paralela a Paseo de la Reforma

Metrobús:

Las estaciones Metro Hamburgo o Metro Reforma

Lugares de referencia:

Esquina calle Río Amazonas
Plaza Comercial Reforma 222
Glorieta de la Palma
Monumento a la Madre

martes 23 de agosto de 2011

SALTO DEL AGUA, AYER Y HOY


Así lucía en 1870 la esquina de Salto del Agua y Lázaro Cárdenas, como se puede advertir el acueducto que traía el agua desde Chapultepec estaba completo. De todas las magníficas casas que se aprecian del lado izquierdo no queda ninguna. El Portal del Antiguo Tecpan de San Juan, que se encontraba del lado derecho, también fue demolido.

En la actualidad, como se puede apreciar en la fotografía inferior, en esta misma esquina se encuentra una copia de la fuente original que, por decisión de algún enemigo de la ciudad, fue trasladada a Tepozotlán. En la esquina donde se encontraba el Portal hoy encontramos un mercado horroroso al igual que todas las construcciones de cemento y vidrio que ocupan el lugar donde, alguna vez, estuvieron hermosas casas que fueron ejemplo de buen gusto.

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EL BELLISIMO PALACIO DE ITURBIDE

Palacio de Iturbide o Casa de los Marqueses de Jaral de Berrio

Madero 17, Centro Histórico


En la antigua calle de San Francisco, hoy Madero, se levanta el majestuoso el Palacio de Iturbide, considerado por los conocedores como el palacio barroco más representativo de la Nueva España.
Fue construido por Miguel de Berrio y Zaldívar, primer Marqués de Jaral de Berrio y Conde de San Mateo de Valparaíso, perteneciente a una de las familias más acaudaladas de la época, de quien se dice que al contraer matrimonio su hija Maria Ana de Berrio y Campa con Pedro de Moncada Marqués de Villafont, y temeroso de que su futuro yerno despilfarrara en juegos, apuestas, licor y mujeres, la cuantiosa dote que le sería entregada, prefirió construir un fastuoso palacio para entregárselo como residencia.
Para ello, el Marqués de Jaral de Berrio eligió el solar que colindaba con el Convento Grande de San Francisco y que había pertenecido a diferentes propietarios, entre los que podemos mencionar a don Francisco de Córdoba, contador mayor de la Nueva España, también fue propiedad de las monjas del cercano convento de Santa Brígida.
Para asegurarse de que fuera el mejor palacio construido en la Nueva España contrató al renombrado arquitecto mexicano Francisco Guerrero y Torres, a quien le encargó el proyecto del excelso palacio, cuya obra se realizó a partir de 1782, dándose por terminado en 1785.
Al terminarse el palacio, el costo de su construcción fue estimado en poco más de 160,000 pesos oro.
A pesar de lo costoso de la obra, los marqueses habitaron el palacio poco tiempo, ya que abandonaron la Nueva España hacia 1800.
Al consumarse la Independencia, tras la entrada triunfal de Agustín de Iturbide al frente del Ejército Trigarante el 27 de septiembre de 1821, Juan Nepomuceno de Moncada, descendiente de los marqueses le ofreció el monumental palacio como residencia y de él salió, en 1822, para ser coronado primer emperador de México.
Años después, hacia 1830, fue utilizado por el Colegio de Minería mientras se realizaban algunas reparaciones en su sede original.
En 1844, se instaló la Lotería y posteriormente fue cedido a la Academia de San Carlos.
Durante la invasión de las tropas norteamericanas en 1847 fue utilizado como cuartel.
El inmueble tuvo varios usos, hasta que en 1851 se convirtió en el Hotel Diligencias, que en 1855 cambió su nombre a Hotel Iturbide y que llegó a ser uno de los más prestigiados de la ciudad.
En él, llegaron a instalarse un café cantante, un billar que reproducía la decoración del Billar Perié de Paris que contaba con cafetería y bar. En él se instaló en 1887 el primer elevador de México.
En 1890, el nuevo propietario conservó el uso de hotel y contrató al arquitecto Emilio Dondé para remodelarlo. Funcionó como hotel hasta junio de 1928.
En 1966, fue adquirido por el Banco Nacional de México que contrató al arquitecto Ricardo Legorreta para restaurarlo.
Refiriéndonos al edificio, el palacio fue construido en tres niveles como era la costumbre, planta baja comercial, entresuelo ocupado por el administrador y el piso noble ocupado por los propietarios. Sin embargo, a pesar de no encontrarse en esquina, el arquitecto, con la intención de que el edificio destacara sobre los demás palacios le proyectó dos torreones unidos por una logia superior, este último piso lo convirtió en la casa más alta construida en el siglo XVIII en la ciudad de México.
Su fachada vestida de aterciopelado tezontle esta exquisitamente ornamentada con ricas molduras y cornisas de cantera que, a manera de finos encajes, adoptan formas curvas y geométricas que enmarcan las puertas y los balcones. Sobresalen, al centro de los paños, pequeños relieves con temas religiosos y tableros mixtilíneos que debieron ostentar escudos nobiliarios. La herrería de los balcones es forjada y muy sencilla.
En su armoniosa y simétrica fachada, se abre al centro el majestuoso acceso de doble altura con su fino portón tallado en madera. Sobre el acceso destacan dos imponentes atlantes apoyados sobre dos grandes roleos que parecen sostener el balcón principal. El uso de atlantes y filigranas realizadas en cantera en las portadas platerescas de la Nueva España tienen su origen en el siglo XVI en las antiguas casas construidas por los conquistadores como la Casa de Montejo en Mérida, Yucatán.
La logia superior está coronada por un pretil de arcos invertidos y altos remates de cantera, mientras que los dos torreones están .terminados con un pretil mixtilíneo compuesto de roleos.
El palacio debió contar con dos patios, desafortunadamente el predio fue fraccionado y solo se conserva el patio principal, que cuenta con cuatro arcadas apoyadas sobre esbeltas columnas de doble altura, que por sus dimensiones le brindan una ligereza visual al patio único en este tipo de construcciones. Las uniones entre los arcos están decoradas con medallones y guirnaldas. Se dice que a sugerencia del Marqués de Villafont, el patio principal está inspirado en el Palacio Real de Palermo, Italia de donde él era originario.
Al entrar, resalta la bóveda nervada del amplio zaguán y el arco labrado que comunica con el patio. En el interior, hay que detenerse a admirar los ricos marcos de las escaleras y de las puertas del salón del dosel, el salón del estrado y la capilla doméstica con una imagen coronada de la Virgen de Guadalupe.
Actualmente, este maravilloso monumento puede ser visitado por todos, ya que funciona como el “Palacio de la Cultura Banamex” y en él se realizan diversos eventos culturales como: exposiciones, presentaciones de libros y conferencias.
Podemos estar seguros de que este maravilloso palacio fue uno de los numerosos palacios novohispanos, que por su sobresaliente belleza llevaron al viajero inglés Charles Latrobe a bautizar a la Ciudad de México en el siglo XIX como “La Ciudad de los Palacios”.

PALACIO DEL MARQUES DE SELVA NEVADA


En el número 9 de la antigua “Calle de la Cadena” (Venustiano Carranza 49), se encuentra El Palacio del Marqués de Selva Nevada.
En 1535, vivió en este sitio el factor de origen indígena don Antonio de la Cadena.
El título de Marqueses de Selva Nevada les fue otorgado por Carlos III en 1777 a don Manuel Rodríguez de Pinillos y López Monteros y a su esposa Antonia Gómez Rodríguez de Pedroso, caso único en el que se concedió simultáneamente al marido y a su esposa. Don Manuel Rodríguez de Pinillos y López Monteros ostentaba ya el título de Vizconde de San Miguel.
Al enviudar la marquesa, ingresó voluntariamente en el convento de Regina Coeli. En donde tuvo que vivir provisionalmente en una celda a la que ella definió como “un aposentillo infestado de chinches” entre el 18 de diciembre de 1797, cuando tomó los hábitos y el 24 de marzo de 1798, fecha en la que el arquitecto valenciano Manuel Tolsá terminó su majestuosa celda neoclásica, iniciada en 1797 y que aun se conserva aunque modificada y que es utilizada como restaurante escuela.
Posteriormente, ingresó al convento de monjas carmelitas descalzas llamado de las Teresas en Querétaro con el nombre de Sor María Antonia de los Dolores, convento cuya construcción financió totalmente.
Además, trató de construir dos conventos carmelitas en San Miguel el Grande (hoy San Miguel Allende) y en Valladolid, hoy Morelia, para lo cual solicitó proyectos al propio Tolsá, pero que desafortunadamente, nunca se realizaron, debido al fallecimiento de la emprendedora marquesa.
Entre sus descendientes ilustres destacó la segunda marquesa, que heredó el mayorazgo de Sicilia, entre cuyos bienes se encontraban grandes terrenos que bordeaban la antigua Calzada de Tacuba, actualmente conocida como avenida Puente de Alvarado. Ella compró para su hijo el título de Conde de Buenavista y mandó construir para él un monumental palacio neoclásico en dichos terrenos (actualmente Museo de San Carlos), cuya fábrica encomendó al escultor y arquitecto neoclásico Manuel Tolsá.

En la Ciudad de México los acaudalados marqueses de Selva Nevada residieron en un elegante palacio barroco que seguramente fue concluido en 1753, fecha que se encontraba en uno de los arcos del patio.
De acuerdo con el inventario realizado después de la muerte de la marquesa, el interior del palacio debió ser suntuoso, compuesto por muebles y objetos de de gusto barroco. Resulta curioso que, a pesar de llevar una estrecha relación con el arquitecto Manuel Tolsá (detractor del estilo barroco), la marquesa no cambió la decoración de su palacio al imponerse el estilo neoclásico en la Nueva España, como ocurrió en la mayoría de las residencias novohispanas.

Abandonado por los marqueses, se modificó todo el interior a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando se le agregaron los pisos superiores y se adaptó el interior para el Hotel Mancera, dedicado al insigne Gabriel Mancera (1839-1925), diputado al Congreso de la Unión en 1867, senador en 1882, constructor del ferrocarril de Hidalgo y del Noreste, así como numerosas obras de beneficencia. Incluso obsequió en 1888 a la ciudad de Pachuca el Reloj Público que se encuentra en la Plaza Principal. Don Gabriel Mancera adquirió la propiedad de a tercera Marquesa de Selva Nevada Soledad Gutiérrez de Rivero
El palacio del cual se desconoce el nombre del arquitecto, fue levantado originalmente en solo dos plantas de gran altura, que debieron darle una gran presencia. Característica que comparte con las casas o palacios del Conde de Regla y de los Condes de Santiago de Calimaya.

En su asimétrica fachada barroca, los paños están recubiertos de rojo y aterciopelado tezontle que resalta el color gris de los marcos de cantera de puertas y ventanas. En la parte inferior se ubicaban algunas accesorias.
Al patio principal se ingresaba por un alto portón de madera. La fachada del primer piso ha perdido parte de su altura por el hundimiento, quedando bajo el nivel de la acera el alto guardapolvos y las bases de las pilastras.
En el piso superior, no sabemos si los austeros barandales forjados son originales.
Los enmarcamientos de los vanos fueron acabados a base de jambas en forma de pilastras de tablero corrido que se prolongan hasta la primera cornisa y soportan los dinteles decorados con guardamalletas.
La planta noble se compone en forma similar, con acento en el ritmo de sus altos balcones, pero las pilastras son estriadas y los fragmentos de entablamento bajo la cornisa se enfatizan con resaltos de origen clásico, similares a las metopas.

Al transformarse en hotel y modificarse todo el interior y agregarse los pisos superiores se perdió el escudo nobiliario que debió ostentar en la parte sobre el acceso principal. También desaparecieron los pretiles ritmados por almenas en forma piramidal.
Afortunadamente, se conservó la crujía frontal de la construcción del siglo XVIII, en cuyos salones aun se pueden observar techumbres originales.

Los dos pisos superiores se realizaron de acuerdo con los ritmos compositivos del viejo palacio, utilizando las formas y materiales semejantes a los originales.

Del magnífico patio de altísimas arquerías, de su segundo patio de servicios, del pequeño huerto que existía al fondo de la construcción y de las crujías interiores que albergaban las lujosas habitaciones de los marqueses nada fue preservado cuando en su lugar se levantó una construcción de acero y cemento armado, que hizo desaparecer para siempre la mayor parte de sus vestigios monumentales.

En el interior se alojan dos famosas cantinas: “La Faena” con decoración taurina y el Bar Mancera, ambos considerados entre las cantinas tradicionales más antiguas de la Ciudad de México.

LA DUQUESA JOB, DE MANUEL GUTIERREZ NAJERA

La Duquesa Job
MANUEL GUTIERREZ NÁJERA
Poesías completas, tomo II, México,
Editorial Porrúa, 1953.

En dulce charla de sobremesa, Mientras devoro fresa tras fresa y abajo ronca tu perro Bob, te haré el retrato de la duquesa que adora a veces el Duque Job.

No es la condesa que Villasana caricatura, ni la poblana de enagua roja, que Prieto amó; no es la criadita de pies nudoso, ni la que sueña con los gomosos y con los gallos de Micoló.

Mi duquesita, la que me adora, no tiene humos de gran señora; es la griseta de Paul de Kock. No baila Boston, y desconoce de las carreras el alto goce, y los placeres del five o’clock.

Pero ni el sueño de algún poeta, Ni los querubes que vio Jacob, Fueron tan bellos cual la coqueta de ojitos verdes, rubia griseta que adora a veces el Duque Job.

Si pisa alfombras, no es en su casa, si por Plateros alegre pasa y la saluda Madame Marnat, no es, sin disputa, porque la vista; sí porque a casa de otra modista desde temprano rápida va.
No tiene alhajas mi duquesita, Pero es tan guapa, y es tan bonita, y tiene un cuerpo tan V’lan, tan pschutt; de tal manera trasciende a Francia que no la igualan en elegancia ni las clientes de Hélene Kossut.
Desde las puertas de la Sorpresa hasta la esquina del Jockey Club, no hay española, yanqui o francesa, ni más bonita, ni más traviesa que la duquesa del Duque Job.

¡Cómo resuena su taconeo en las baldosas! ¡con que meneo luce su talle de tentación! ¡Con qué airecito de aristocracia mira a los hombres, y con qué gracia frunce los labios-¡Mimí Pinson!

Si alguien la alcanza, si la requiebra, ella, ligera como una cebra, sigue camino del almacén; pero ¡ay del tuno si alarga el brazo¡ ¡nadie le salva del sombrillazo que le descarga sobre la sien¡

¡No hay en el mundo mujer más linda¡ Pie de andaluza, boca de guinda, Esprit rociado de Veuve Clicquot; talle de avispa, cutis de ala, ojos traviesos de colegiala como los ojos de Louise Théo!

Ágil, nerviosa, blanca, delgada, media de seda bien restirada gola de encaje, corsé de ¡crac! nariz pequeña, garbosa, cuca, y palpitantes sobre la nuca rizos tan rubios como el coñac.

Sus ojos verdes bailan el tango; ¡nada hay más bello que el arremango provocativo de su nariz! Por ser tan joven y tan bonita, cual mi sedosa, blanca gatita, diera su paje la emperatriz.

¡Ah! tú no has visto cuando se peina, Sobre sus hombros de rosa reina caer los rizos en profusión! Tú no has oído qué alegre canta, mientras sus brazos y su garganta de fresca espuma cubre el jabón!

¡Y los domingos!...!Con qué alegría oye en su lecho bullir el día y hasta las nueve quieta se está! ¡Cuál se acurruca la perezosa, bajo la colcha color de rosa, mientras a misa la criada va!

La breve cofia de blanco encaje cubre sus rizos, el limpio traje aguarda encima del canapé; altas, lustrosas y pequeñitas, sus puntas muestran las dos botitas, abandonadas del catre al pie.

Después, ligera, del lecho brinca. ¡Oh quien la viera cuando se hinca blanca y esbelta sobre el colchón! ¿Qué valen junto de tanta gracia las niñas ricas, la aristocracia, ni mis amigas del cotillón?

Toco; se viste, me abre; almorzamos; con apetito los dos tomamos un par de huevos y un buen bistec, media botella de rico vino, y en coche juntos, vamos camino del pintoresco Chapultepec.

Desde las puertas de la Sorpresa hasta la esquina del Jockey Club, no hay española, yanqui o francesa, ni más bonita ni más traviesa que la duquesa del Duque Job.

CONVENTO DE LA ENSEÑANZA

La Enseñanza
Esta institucion, ubicada en la calle de Donceles, fue fundada por la Madre María Ignacia Alzor y Echeveste, quien dispuso de la fortuna familiar para abrir el primer convento de la Compañía de María en la Ciudad de México y educar a las niñas novohispanas bajo la protección de nuestra señora del Pilar, a quien está dedicado el templo.
Para empezar con el convento se compraron dos casas en la Calle de Cordobanes, hoy Donceles; en la cochera de estas casas se construyó la iglesia, razón por la cual quedó de pequeñas dimensiones.

aLa iglesia fue consagrada el 21 de noviembre de 1754, teniendo como titular y patrona a Nuestra Señora del Pilar, por Ángel tutelar el Arcángel San Miguel y por patrono a San Juan Nepomuceno.

La fundación del convento fue aprobada el 28 de noviembre de 1757. Por mediación del virrey de la Nueva España, Marqués de las Amarillas, recibieron una insólita reliquia de San Juan Nepomuceno, consistente en un nudillo del dedo índice del Santo, acompañada de una imagen de éste de 25 cm., confeccionada totalmente en oro y labrada con exquisitez. También se recibió una Sábana Santa, tocada con la original, venerada en Turín, Italia, y dos imagenes de la Santa Verónica, también tocadas con el original.

Su fundadora, la Madre María Ignacia había recibido como herencia de su madre una Virgen del Pilar, tallada en madera, que había estado durante nueve días tocando la imagen original que se encuentra en la ciudad de Zaragoza, España. Esta imagen fue colocada en el altar mayor de la iglesia. Al morir la Madre María Ignacia Alzor, en 1767, fue enterrada delante del comulgatorio de la iglesia. Se le conoce como “La Enseñanza la Antigua”; por ser una institución piadosa, con la única finalidad de educar a las niñas que ingresaban a este colegio; siempre gozó de la fama de haber formado excelentes damas en cualesquiera de los campos, como buenas hijas, esposas y madres de familia, razón por la cual fue el centro educativo que contó con alumnas descendientes de las principales familias de la Nueva España. A este colegio ingresaban, además de las ilustres alumnas, internas que pagaban una pensión moderada y quienes recibían alimentos e instrucción en las primeras letras, y también había las externas, niñas de condición económica muy pobre y cuyos padres no podían pagar la pensión. Además de enseñarles a leer y escribir se le dio especial atención a la enseñanza de la costura, llegando a ser este convento muy famoso por sus exquisitas labores de bordado y deshilado que entraban en franca competencia con las del colegio de las Vizcaínas. En 1867, con la entrada de las fuerzas republicanas a la Ciudad de México se dio la orden a todas las religiosas de desocupar sus conventos de inmediato. Este recinto se convirtió en prisión, posteriormente en Palacio de Justicia y hoy día funge como Archivo General de Notarias y como una oficina de la Secretaría de Educación Pública. La iglesia fue declarada monumento nacional el 9 de febrero de 1931.

La Iglesia
aLa construcción de la Iglesia de la Enseñanza la Antigua dio inicio en 1762, terminando de construirse en 1768. Su constructor fue El ilustre alarife Francisco Antonio Guerrero y Torres, Su fachada es de una sola portada, hecho poco común para las iglesias de la época que normalmente tenían dos portadas; cuenta con tres cuerpos, contados de manera horizontal y tres entrecalles, secciones horizontales. entre las columnas del primer cuerpo donde encontramos esculturas de San Miguel Arcángel y de San Juan Nepomuceno. En el segundo cuerpo las columnas son más esbeltas, con el propósito de evitar la sensación de pesantez en la portada. Entre las columnas encontramos las esculturas de San Benito de Nursia, del lado de la Epístola y de San Ignacio de Loyola, del lado del Evangelio.

Su imponente puerta está trabajada con tableros y clavos de hierro forjado. En el nicho superior encontramos la figura de San José, patrón de la Ciudad de México y arriba, en el óculo, la figura de la Virgen del Pilar, patrona titular de esta iglesia.

En la parte superior se encuentra un remate de forma triangular, símbolo de la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, siendo este ultimo representado por una paloma. Arriba de la representación Trinitaria se encuentra una hoja de acanto que sostiene una corona. Cuenta con un pequeñísimo atrio entre muros del que fue el convento-colegio y al que dividía originalmente en dos partes iguales.

La planta de la iglesia tiene forma de un octágono irregular, con un prolongado sotocoro que alberga cuatro retablos. El púlpito tiene cuatro medallones con las figuras de los Evangelistas, San Mateo con el ángel, San Marcos con el león, San Lucas con el toro y San Juan con el águila.

aLa iglesia tiene un total de seis retablos laterales y un retablo principal, todos en estilo ultra barroco, estilo típico del siglo XVIII, que consiste en la utilización de columnas estípites (pirámides truncados con la base menor hacia abajo). El recinto tiene diez pequeñas puertas de madera, con arcos de medio punto, que servian como confesionarios para las alumnas y religiosas del convento-colegio. En el altar, del lado derecho, junto a la reja del coro bajo, encontramos la Cratícula, se trata de un orificio por donde se daba la ostia a las internas, para cumplir con el requisito de no ser vistas por nadie. La base de esta reja es de piedra y en ella están esculpidas dos sirenas de colas entrecruzadas y sosteniendo un óvalo que ostenta un pozo, cuya profundidad es símbolo de sabiduría. En el centro de la Cratícula encontramos un triángulo que encierra el Ojo de Dios, en medio de una aureola, rodeado de follaje. El coro alto cuenta con un arco de medio punto, en el cual hay una reja labrada con ornamentos en forma de follaje, reja en cuyo centro, se percibe el emblema de la Compañía de María Nuestra Señora.

En este coro existe la sillería original que la Madre Alzor mandó hacer para las “Doce Sillas de Gracia”. Alberga también un órgano, que probablemente es el original.

Iglesia de La Enseñanza
Donceles nº 102
Centro Histórico

CONVENTO DE SANTA INES HOY MUSEO JOSE LUIS CUEVAS

Acercarnos a la sociedad novohispana implica tratar de comprender una cosmovisión donde la devoción religiosa se entretejía con cada aspecto de la vida cotidiana.

En el caso de la vida femenina, abrazar los votos perpetuos dentro de un monasterio era la alegría más alta a la que aspiraban muchas mujeres y la única solución posible para otras. Imponentes testigos de ello son los conventos de monjas del Centro Histórico en los que se atesoran jirones de tiempo y murmullos del pasado que acompañan al visitante en su recorrido por la historia mexicana.
La fundación del Convento de Santa Inés se inspira en esta forma de percibir el mundo. Durante los años virreinales se forjó en la Nueva España la costumbre de participar en la vida religiosa ingresando a algún miembro de la familia al clero o bien aportando donaciones a las congregaciones necesitadas, siempre con la esperanza de obtener el favor divino.
A pesar de no tener hijos, el matrimonio formado por doña Inés de Velasco y Diego de Caballero fundó el Convento de Santa Inés, iniciando así su devenir, en una historia que ha trascendido hasta nuestros días.
Doña Inés de Velasco y Diego de Caballero poseían importantes negocios en la Nueva España, ya que eran dueños del ingenio azucarero más importante del virreinato, que se ubicaba en Amilpas cerca de Cuautla. Por su parte, el padre de Inés, Bernardino del Castillo, estuvo al servicio de Hernán Cortés como mayordomo, en la conquista del mar del Sur y en las expediciones a California, hecho que le valió los títulos de alcalde ordinario en 1558 y de la Mesta un año después. De igual forma fue premiado con ricas tierras, incluyendo un importante solar en la Ciudad de México que heredó a su hija.


La unión de ambas fortunas fructificó en limosnas para la iglesia de San Francisco y en la fundación de un monasterio novohispano que albergara a jóvenes sin recursos que desearan ingresar al convento y dedicar su vida a la oración. En aquel tiempo existían ya 10 fundaciones en la Ciudad de México pero eran insuficientes y no cualquier familia podía aspirar a ellas. Santa Inés nacería totalmente de la iniciativa privada, con la autorización eclesiástica correspondiente; no se cobraría dote y, según el testamento de doña Inés, sus bienes servirían para cubrir por completo los gastos de sus habitantes.
Solicitados los permisos, el Papa Clemente VIII concedió la Bula aprobatoria el 1º de febrero de 1595. Así Santa Inés sería el último convento erigido en el siglo XVI. La Bula esclarecía que el monasterio se dedicaría a Santa Inés y Santiago, que estaría conformado por treinta y tres monjas, aludiendo a los años de Cristo, y que la abadesa se elegiría cada tres años acorde con el Concilio Tridentino. Pero a pesar de ello hubo una suerte de obstáculos que impidieron su consolidación hasta varios años después.
La muerte de doña Inés aceleró el proceso para terminar la edificación de la Iglesia. El 8 de diciembre de 1599 se celebró la primera misa. La lectura del testamento de Inés fue hecha un día después de su deceso, el 10 de diciembre. Así, don Diego decidió administrar el patronato de Santa Inés de manera hereditaria con la intención de asegurar su cuidado a lo largo de los siglos. Depositó el cuerpo de su esposa en la iglesia de Santa Inés y se dedicó a culminar los trámites necesarios para fundar el convento.


1600 fue el año en que se aprobó la licencia para la institución del convento de Santa Inés en la Plaza del Amor de Dios. Se pidieron hermanas para la fundación al convento de La Concepción. La historiadora Josefina Muriel, consignó que fueron tres monjas profesas: Catalina de Santa Inés, María de San Juan, Inés de San Nicolás y una novicia de la cual se desconoce nombre, quienes ingresaron en primer lugar. Con este acto, se pactó hermandad entre los dos conventos y comunicación espiritual entre sus religiosas.
Las inesianas tomaron el hábito de La Concepción y la regla del convento exigía la oración como su voto más importante. Según la voluntad de los fundadores, las jóvenes que ingresaban debían ser doncellas pobres, sin dote y españolas huérfanas, junto con ello ofrecerían una hora diaria de oración por las almas de Doña Inés de Velasco y Diego Caballero. El tan esperado día llegó y el 17 de septiembre de 1600 se fundó el convento de Santa Inés y Santiago en la Ciudad de México.
El Convento que apreciamos hoy día ha sufrido percances y numerosas restauraciones. Su factura inicial se debe al famoso arquitecto Alonso Martínez López quien realizó trabajos en la Catedral de Puebla y se encargó también de la Iglesia de Santa Inés. Esta última albergaba un altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe y en ella se veneraba a las vírgenes de Loreto y del Socorro.
Se dice que hubo una época en la cual Santa Inés era famoso por su producción de velas que eran bendecidas el día del Señor San José. La comunidad contaba con valiosas reliquias de Santa Francisca Romana, de Santa Victoria mártir y, felizmente, de la propia Santa Inés. Siguiendo la investigación de Josefina Muriel encontramos que la iglesia albergaba dos importantes cofradías: la del Santo Nombre de Jesús y la de Nuestra Señora de la Luz.


A pesar de tener tantos dones, el edificio sufrió el terrible embate de la devastadora inundación de 1629 que aquejó a la ciudad. Posteriormente, un incendio en 1693 lo deterioró aún más. La reparación fue parcial pero incluyó la ornamentación con lienzos del pincel de José de Ibarra y, para el siglo XVII Santa Inés contaba con una hermosa iglesia y con tres claustros de dos pisos cada uno, que incluían la biblioteca.
Santa Inés jugó un importante papel en el pulso de la vida cotidiana de la Nueva España. Dos de los pintores más importantes del arte virreinal descansaron en su templo: José de Ibarra en 1751 y Miguel Cabrera en 1763.

Sin embargo el deterioro del inmueble continuó y no fue sino hasta el siglo XIX que se reanudaron las mejoras bajo la dirección de Manuel Tolsá, quien en aquellos años gozaba del título de Arquitecto del Convento de Santa Inés y sus fincas urbanas. Los fondos utilizados para sufragar la obra se consiguieron gracias al esfuerzo que sus habitantes realizaron al vender billetes de lotería y hacer rifas para recaudar fondos.


Años después, con la exclaustración, las 17 monjas de Santa Inés abandonaron el convento en febrero de 1861. Reubicadas con las hermanas de Santa Catalina, debieron convivir en tiempos del Emperador Maximiliano de Habsburgo con los soldados franceses que se apostaban en el predio. Posteriormente, el peregrinar continuó en San Jerónimo y finalmente en Regina, donde pudieron reagruparse a finales del siglo.
La historia del edificio cuenta que la torre de la iglesia fue demolida. Se conoce de su existencia por algunas noticias en actas, por documentos administrativos en los que se menciona y por una fotografía antigua que la muestra parcialmente.
Lamentablemente, Santa Inés fue saqueado tras la exclaustración y vendido en lotes, por lo que se convirtió en vecindad e incluso, el claustro principal, alojó un almacén de telas mientras que la iglesia fue convertida en bodega hasta la primera mitad del siglo XX.
A partir de 1988 se iniciaron los últimos trabajos de rescate del edificio y fue declarado monumento histórico de la Ciudad de México. En la actualidad los muros del convento contienen el Museo José Luis Cuevas, inaugurado el 8 de julio de 1992. La fuente que remataba el conjunto del claustro virreinal ha sido sustituida por la giganta. Las aguas que brotaban armoniosamente entre los bloques de cantera, descansan ahora en el espejo de agua que rodea al monumental bronce que sugiere la dualidad femenino-masculino y que fue concebida, ex profeso por José Luis Cuevas, para Santa Inés.
Hoy, todavía podemos observar las dos hermosas puertas talladas de Santa Inés, que nos sugieren, con su barroco dinamismo y delicado obraje, la vitalidad de la sociedad que nos antecede y que protegen una historia de casi quinientos años.

SANTA TERESA LA ANTIGUA MEXICO DF

Cúpula del extemplo de Santa Teresa La Antigua, en el centro histórico de la ciudad de México

La intención de construir el templo de Santa Teresa La Antigua, ubicado en el número 8 de la actual calle de Licenciado Verdad, entre Moneda y República de Guatemala, surgió en 1613, durante la travesí­a de un buque hacia América: una tempestad estuvo a punto de echar a pique la nave en la que viajaba el arzobispo Juan Pérez de la Serna, el cual prometió a Teresa de Ávila establecer un monasterio carmelita en México si se salvaba de tal aventura.
Ya en la capital del virreinato, el arzobispo tramitó el permiso para la fundación y nombró a las sores Inés Castillet y Mariana de la Encarnación herederas de las fincas de Juan Luis de Riveral, acaudalado neogallego, que en vida habí­a mostrado interés por la construcción de la obra.
El pueblo ayudó a la edificación del convento con sus limosnas. El oidor Longoria, proporcionó la madera y la marquesa de Guadalcazar donó los muebles y los hábitos de las religiosas. El arquitecto fue Cristóbal de Medina, quien diseí±ó las dos portadas que llevan columnas salomónicas pareadas, digno ejemplo del barroco salomónico. La fachada del templo presenta sillares de tezontle rejunteados con argamasa, rodapié de chiluca y tres cuerpos separados por banquetones de piedra y contrafuertes.
Restauración hecha en el extemplo de Santa Teresa La Antigua, en el centro histórico de la ciudad de México

Al cabo de ocho meses ya se habí­an construido la iglesia, la sacristí­a, los coros alto y bajo, los confesionarios, el locutorio y algunas celdas, de modo que el primero de marzo de 1616 fue fundado el monasterio, conocido en ese entonces como el convento de San José de las Carmelitas Descalzas. El templo se construyó de modo tal que al mismo tiempo que facilitaba el libre acceso al pueblo, reservaba a las monjas en su recogimiento espiritual.
El convento se dedicó a San José y la iglesia fue conocida con el nombre de "Santa Teresa la Antigua". En este claustro, se observó la más severa disciplina, al grado de que tuvo una cárcel para los casos de faltas extremas. No habí­a en él criadas, ni sirvientas, sólo las nií±as que tení­an deseos de incorporarse a la vida religiosa. A este convento se incorporó Sor Juana Inés de la Cruz, pero a causa de su precaria salud y la austeridad de la orden, salió de él para ingresar en el antiguo convento de San Jerónimo.
En 1684, el capitán Esteban de Molina reconstruyó la iglesia, la cual fue dedicada a Nuestra Seí±ora de la Antigua. El capitán y su esposa fueron nombrados patronos en 1695. La capilla del Seí±or de Santa Teresa, decorada por los de la Academia, fue dedicada el 17 de mayo de 1813. Las pinturas de Rafael Jimeno se perdieron durante el terremoto de abril de 1845, que también derrumbó la cúpula y el ábside de la iglesia. La reconstrucción duró 13 aí±os. El autor del nuevo domo, de doble bóveda, fue el arquitecto Lorenzo de la Hidalga, quien finalizó sus trabajos en 1859. Allí­ pinto Juan Cordero el tema de Dios Padre y las virtudes cardinales y teologales, obra de efectos sorprendentes por su trazo y colorido.
La iglesia que se conserva hasta la actualidad se empezó a construir casi a la mitad del siglo XVII. Para la construcción de la capilla anexa, del Seí±or de Santa Teresa se siguieron los planos del arquitecto don Antonio Velásquez de González y para la creación de los adornos se nombró a don Manuel Tolsá, escultor de cámara de S.M. y a don Rafael Jimeno y Planes, director de la Academia de San Carlos. La capilla quedó terminada el 17 de mayo de 1813.
En 1863 culminó la exclaustración de las carmelitas descalzas y a partir de entonces el edificio se destinó a diversas funciones: cuartel militar, escuela normal para hombres y la Universidad de Vasconcelos; aunque también dio albergue a la imprenta del Diario Oficial y al Archivo de la Secretarí­a de Hacienda.
En 1989, el famoso templo fue dedicado a las actividades del de la transvanguardia: la instalación, el performance y el arte objeto u objetual, el cual ha tenido una actividad de prestigio nacional e internacional, como muy pocos museos lo han podido lograr con varios decenios de trabajo acumulado.
A partir de 1993, el ex Templo de Santa Teresa la Antigua es la sede de EX-Teresa/Arte Actual, una organización no lucrativa, fundada y patrocinada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, dirigida por artistas interesados en promover y mostrar las distintas corrientes del arte actual y uno de los pocos espacios dedicados a apoyar las nuevas propuestas artí­sticas tanto mexicanas como extranjeras.
Con el propósito de impulsar el arte de punta, el ex-templo ha sido objeto de una amplia adecuación que combina la soberbia arquitectura colonial con la contemporánea.

lunes 22 de agosto de 2011

LAS CASTAS DE LA NUEVA ESPAÑA

Una casta es el conjunto de individuos diferenciados por la religión, la comunidad o territorio, el matrimonio, el nacimiento o la ocupación. El sistema de castas pretendía imponer en las colonias un orden  basado en la desigualdad étnica de las personas, en la práctica, se formó una sociedad caracterizada por una gran separación de la nobleza blanca de europeos (sometidos a los Estatutos de limpieza de sangre) y de criollos, que conformaban una minoría de potentados cada vez más exclusiva, derivando, a partir de un sistema de castas para concluir en una aristocracia colonial.
En relación a la población local la corona empezó por promover matrimonios como preferible para la estabilidad social que el concubinato que en los hechos estaba sucediendo, así, por ejemplo, Francisco González Paniagua nos informa que en Paraguay  “algunos españoles tienen setenta mujeres, a menos que sean muy pobres ninguno tenía menos que cinco o seis, la mayoría de quince a veinte y de veinte a cuarenta“. Frente a situaciones como esa, la corona decretó -en 1528- que se daría preferencia para puestos oficiales a los españoles casados y, en 1538, que la misma preferencia se observaría para las “reparticiones de indios”. En la práctica esto llevó a muchos matrimonios mixtos. No solo no habían las suficientes mujeres hispanas para casarse con todos los conquistadores que existían, sino que además las hijas de caciques y nobles indígenas traían con ellas unas dotes considerables para los conquistadores.
Muchos autores, al referirse a la población de la Nueva España consideran primero a los grupos mayoritarios y su importancia en la sociedad, por lo que se menciona a:
  • Los españoles o peninsulares: Aquellos europeos que por nacer en España y viajar a la Nueva España en busca de cuantiosas fortunas, se les concedía todo el poder, tanto económico como político. Vulgarmente eran llamados gachupines.
  • Los indígenas: Principal grupo al iniciar la conquista y durante la colonia.
  • Los mestizos: Descendientes de españoles e indios.
  • Los negros: Personas de color traídas del continente africano en calidad de esclavos y que realizaban las labores más agobiantes.
  • Los criollos: Hijos de españoles nacidos en la Nueva España.
Las castas eran la mezcla de los mencionados anteriormente, de estas podemos destacar:
Castiza
Castizo (español/español)
Mestizo
Mestizo (indio/español)
Mestiza Casta
Mestizo casto (mestizo/español)
Mulato
Mulato (español/negro)
Albino
Albino (español/morisco)
Tornatrás
Tornatrás (español/albino)
Tente en el aire
Tente en el Aire (indio/lobo tornatrás)
Morisco
Morisco (español/mulato)
Chino
Chino (morisco/español)
Salta atrás
Salta Atrás (chino/indio)
Lobo torno atrás
Lobo Tornatrás (indio/cambuja)
Lobo
Lobo (Zambo) (negro/indio)
Jibaro
Jibaro (lobo/chino)
Albarazado
Albarazado (sambaigo/indio)
Cambuja
Cambujo (chamizo/indio)
Calpamulato
Calpamulato (sambaigo/lobo)
No te entiendo
No te entiendo (tente en el aire/mulato)
Coyote
Coyote (indio/mestizo)
Chamizo
Chamizo (albarazado/indio)
Harnizo (español/coyote)
Barcino
Barcino (albarazado/mulato)
Allí te estas
Allí te estás (coyote/mestizo)
Sambaiga
Sambaigo (lobo/indio)