VISITA GUIADA MUSEO DE LAS INTERVENCIONES
CITA ENTRADA DEL MUSEO 12 30
HoraDomingo, 27 de febrero · 12:30 - 15:30
cooperacion 70 pesos por persona
Lugarchurbusco df
20 de Agosto esq. General Anaya s/n
Churubusco, Mexico
El Museo Nacional de las Intervenciones fue abierto al público el 13 de septiembre de 1981. El 6 de abril de 2006 se inauguró el salón de usos múltiples Gastón García Cantú y el centro de consulta El Catalejo de la historia, creado en la primera etapa del proyecto de reestructuración integral del museo, que ofrece al visitante la posibilidad de acercarse al conocimiento de la historia de México por medio de libros, folletos, vid ...eos, interactivos y discos sonoros.
La colección permanente del museo se compone de litografías, banderas, armas, mobiliario y accesorios tanto civiles como militares de época, combinados con diferentes reproducciones que permiten recrear museográficamente los hechos históricos, sobre todo los relacionados con las distintas invasiones militares de los siglos XIX y XX. Este museo ofrece visitas guiadas, eventos artísticos, conferencias y cursos relacionados con el tema de las intervenciones.
Se ubica en un antiguo convento que los franciscanos cedieron a la orden de los dieguinos en 1580, los cuales establecieron allí su noviciado y el colegio de formación de misioneros que evangelizaron Filipinas, China y Japón. El inmueble se usó como cuartel militar durante el siglo XIX y fue uno de los escenarios donde se libró una de las batallas más importantes contra el ejército estadunidense en 1847.
viernes 25 de febrero de 2011
miércoles 16 de febrero de 2011
Lance Wyman y la identidad gráfica del Metro
Para cualquier chilango la obra gráfica de Lance Wyman es inconfundible, tanto por su peculiar estilo como por el papel que ha jugado en la historia y vida cotidiana de la urbe más grande del país. Baste con decir que son creaciones suyas el entrañable emblema de los Juegos Olímpicos México 68 y la identidad gráfica original del metro, la cual comprende desde el logo, tipografía y señalética, hasta los pictogramas que identifican a cada una de las 65 estaciones que conforman las líneas 1, 2 y 3.
Aunque sus diseños poseen un gran sentido estético, su composición responde a una fuerte demanda de funcionalidad: comunicar un mensaje específico de manera efectiva al mayor número de personas posible sin que el desconocimiento del idioma fuera un obstáculo (hay que recordar que en la década de los sesentas, el analfabetismo en México era considerablemente alto). Wyman buscó satisfacer esta necesidad de expresión a través de la creación de pictogramas (imágenes simples que condensan significados complejos), inspirándose en las formas geométricas tradicionales de la cultura mexicana y los glifos de las culturas prehispánicas.
Se dice que para la creación de la iconografía de las estaciones del metro, Wyman y su equipo (integrado por dos mexicanos, Arturo Quiñónez y Francisco Gallardo) se situaban en el lugar donde se tenían trazados los accesos, buscando elementos en el entorno que pudieran transmitirle al usuario la “esencia” del lugar donde se encontraba la estación. De esta manera, “Merced” está representada por un huacal con frutos, mientras que “Pino Suárez” con el adoratorio al dios Ehécatl encontrado durante las excavaciones para construir la línea.
Cuando la ubicación no poseía algún elemento visual característico, el equipo indagaba en la historia del sitio o en la etimología del nombre que llevaría la estación, resultando así un casco de conquistador para representar “Villa de Cortés” o tres banderas para “Pantitlán”, cuyo significado en náhuatl es “ente banderas”, ya que en esta parte del lago de Texcoco se les solían poner como indicativos de una zona peligrosa a la navegación.
Otros productos del talento de Lance Wyman arraigados en la cultura chilanga son las identidades gráficas de las olimpiadas México 68 y el “Papalote, museo del niño”.
LA NUEVA CARA DE LA CALLE DE REGINA
Como parte de uno de los rescates culturales más importantes del país, el del Centro Histórico de la Ciudad de México, figura, entre otras cosas, por la cirugía urbana realizada a esta importante calle. “Los barrios que han sido rescatados son como almas que han sido arrebatadas de las llamas del infortunio”, no sé si un día lo leí en alguna calle de mi impresionante Centro Histórico, tal vez en un panfleto, en un póster pegado en alguna esquina..., tal vez saldría de la boca de algún vecino que viendo el futuro casi funesto de su entrañable vecindad, tendría la esperanza de que alguien volteara hacia lo suyo para rescatarlo. Ruido, smog, tráfico, contaminación auditiva y deterioro imparable sufría esta bella Regina. La misma que al cobijo de la Iglesia Regina Coeli han visto pasar siglos de historia en la gran ciudad, el templo que se edificó en el ángulo que forman las actuales calles de Bolívar y esta calle, frente a un espacio libre que ya en el siglo XVI se conocía con el nombre de Plaza Chiquita de Regina. Y esa es sólo una pequeña parte de su historia.
Al indagar un poco de esta vetusta arteria, Jaime Bali, director de la revista Relatos e historias en México me compartió que: “El esplendor monumental de una época en la que se erigieron templos, palacios y casonas suele inquietarnos cuando buscamos respuestas a lo que pudo haber sido el entorno vivo en otros momentos de la historia de la ciudad. Una reconstrucción imaginaria de ese entorno nos obligaría a pensar en calles silenciosas a las que se tragaba la noche, cuando se apagaba la luz del sol. Las teas ardientes, apenas y alcanzaban a alumbrar los frentes de las construcciones y la gente se refugiaba con pasos apresurados en el interior de las viviendas. Aparecía entonces, para tranquilidad de todos, el sereno, un personaje que todavía resistió la llegada de la modernidad y que ahora se extraña en esas calles que conservan el sabor de otros tiempos, como ésta de la Calle de Regina, seguramente muy frecuentada por los creyentes, que eran casi todos, asistiendo a los rituales litúrgicos practicados con entrega y gran fervor religioso. Estos barrios de lo que es hoy el Centro Histórico de la ciudad, se inquietaron con las noticias impresas que anunciaban hechos relevantes e incluso relatos de crímenes pasionales y celebraciones de la corte novohispana. Se antoja pensar en las fiestas todavía dedicadas a la Virgen de los Remedios y después a la Guadalupana y otras celebraciones como la Semana Santa con su día de ramos bendecidos, eran acontecimientos de enorme trascendencia para todos. Numerosas y festivas resultaban las tertulias en las que la música y el verso reunían a familiares y amigos para disfrutar de largas veladas.
Seguramente, en la que es hoy una calle peatonal nacieron pasiones amorosas con la señal de un pañuelo que caía aparentemente por el descuido, dejando en el pretendiente la esperanza de un beso. Aquí es donde aparecen los primeros mesones y las fondas donde se recrearon las recetas de ese largo relicario gastronómico que en ocasiones extrañamos, pensando en suculentos pucheros, guisos exuberantes y postres jamás imaginados. Pero bueno, hoy las viejas construcciones y templos están ahí como testigos mudos de grandes y pequeños acontecimientos: la llegada del nuevo virrey; la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México; el arribo de paños y joyas que traía la Nao de China; el porfiriato y sus días de esplendor; el ruido de los flamantes tranvías; la entrada de los zapatistas; los días aciagos de la llamada Decena Trágica y la llegada definitiva de la modernidad que entre otras cosas, cambió el rostro nocturno al hacer acto de presencia: la señora luz eléctrica”.
Otra luz que se prende
Luego de casi un año de trabajos para convertirla en zona peatonal, la calle Regina luce totalmente diferente, ya que antes era casi un estacionamiento. Tras una larga cirugía y una inversión de varios millones, hoy resplandece como un corredor cultural que conecta la calle 20 de Noviembre con Bolívar. ¿Qué significa esto además de remozamiento de fachadas, reforestación y una fisonomía completamente distinta? Representa nada menos que una luz brillante y esperanzadora para los vecinos que veían hundirse en el abandono sus tiendas, recauderías, fondas, calles y vecindades, donde habían hecho su vida generación tras generación. Así, en este sui generis corredor tiene cabida tanto una modesta juguería como una mezcalería o un vanguardista restaurante.
Ahora, donde sólo había caos vial, se pasean plácidamente los vecinos con sus perros, a la vez que conviven con artistas plásticos que poco a poco hacen suya esta calle para expresarse. Por las tardes comienzan a llegar los jóvenes y todos parecieran que toman su lugar preferido como si fuera parte de un ritual, unos buscan dónde tomar una copa, otros se agrupan para escuchar música, otros tantos participan interviniendo algún mural efímero con el apoyo de la Hostería La Bota para darle color y creatividad al entorno urbano.
Por su parte, el Espacio Cultural Casa Vecina y el Studio 51 Showroom son organismos culturales en donde convergen manifestaciones artísticas y funcionan además como galerías de arte e instalación, y es posible convertir un contenedor en una obra de arte.
Para no perder la memoria, estará el Museo de las Libertades Democráticas y los Derechos Humanos, en el Núm. 66, en lo que fue la antigua estación de bomberos (1923); y también se instalará el archivo del Ateneo Español de México, hoy Colegio de México, que contará con espacios de tipo cultural y gastronómico, incluido un proyecto de restaurantes-escuela de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Por cierto, esta renombrada universidad aporta con sus estudiantes y actividades culturales gran vida a Regina, compartiendo el día a día con absoluto respeto a sus moradores y visitantes.
Este sí es un paseo diferente. Cualquier día de la semana tiene su encanto, pues depende de la propia vida del barrio. Lo que pasa ahí cada día es una toma distinta, con un significado propio y auténtico, como su nueva fisonomía. Caminar y caminar por el Centro Histórico, como ven, sigue siendo una de las actividades más divertidas en la enorme ciudad de México. Fue un día placentero que tuvo como remate la inmensa luna llena iluminándolo todo, y los cantos gregorianos que traspasaban los gruesos muros del Templo de Regina Coelli.
Guía para andar Regina
- Al Andar. Mezcalería. Regina 28.
- Hostería La Bota. Mucho arte y buenos tragos. Regina 48. Entre Isabel la Católica y Callejón de Mesones.
- El Akelarre. Comida española. Regina 49. Entre Isabel La Católica y 5 de Febrero.
- Los Canallas. Buen ambiente de día y de noche. Empanadas, ensaladas, mojitos. Además promueven actividad teatral en la comunidad. Regina 58, esq. con 5 de Febrero.
- Dzib. Rica comida corrida y a la carta. Regina 54 C.
- Don Chon. Fonda multipremiada, abierta desde 1924. Comida prehispánica de primera. Regina 160, entre Jesús María y Topacio. www.restaurantechon.com
- Jerónimas. Desayuno, comida. Sábados jazz en vivo de 14:00 a 16:00 hrs. Sala de cine a las 14:00 hrs todos los sábados. Pruebe los Chilaquiles Mecánica Nacional, con salsa maya de chile habanero, con pollo o arrachera. San Jerónimo 40, a espaldas de Regina. Entre Isabel Católica y 5 de Febrero. Tel. 5709 5988.
- Studio 51 Showroom. Regina 51, Int. 2. Tel. 5709 3938. studio515showroom@yahoo.com.mx
- Casa Vecina. Galería y centro cultural. 1er. Callejón de Mesones 7, esquina Regina. www.casavecina.com
- Claustro de Sor Juana. Izazaga 92, Centro Histórico. www.ucsj.edu.mx
El templo y su plaza
Gracias a la generosidad de la señorita María Concepción Máxima Béistegui y García, quien a su muerte, ocurrida en 1873, cedió sus bienes para la fundación de un hospital en lo que fuera el Convento de Regina Coelli, se pudo salvar de la destrucción. Así, el Hospital Concepción Béistegui fue inaugurado por el general Porfirio Díaz, el 21 de marzo de 1886. En 1967 las autoridades del Departamento del Distrito Federal, ante la necesidad de contar con amplios espacios abiertos en esta zona de la ciudad, eligieron la Plaza de Regina como una de las primeras en la restauración de los centros cívicos capitalinos.
Entonces la plaza fue cerrada al tránsito vehicular en el tramo de la calle de Regina que corría frente al templo, dejándolo fluir únicamente por la calle lateral ubicada al norte de la plaza. Los árboles existentes fueron reubicados al norte de la plaza para permitir mayor visibilidad al edificio.
Claustro de Sor Juana: todo un sobreviviente
Después de cinco etapas de rescate y reconstrucción en 1623, 1690, 1774, 1867 y la última hace 22 años, se pueden apreciar vestigios de los años de esplendor del imperio azteca y del Virreinato, así como del México contemporáneo. El convento original de la Orden de las Jerónimas estaba situado en la esquina que forman actualmente las calles de San Jerónimo y 5 de febrero. Al paso de los años el convento creció. Al promulgarse las Leyes de Reforma, se dictó la orden de exclaustración de los 12,778 metros cuadrados que corresponden a la actual manzana y con esta medida, la mitad oriental del ex convento fue fraccionada y vendida a particulares; mientras que la otra parte fue utilizada como cuartel para la milicia y hospital. A principios del siglo XX, se instalaron diversos negocios y comercios e incluso un establo. Más recientemente funcionaron una panadería y un pequeño hotel adosado al costado oriente de la torre del templo. La fachada es de estilo renacentista y cinco patios componen su estructura. Juana de Asbaje y Ramírez, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, profesó en el citado convento a partir de 1669. Ahí, la poetisa escribió comedias como Los empeños de una casa y Protesta de Fe. Sus restos inhumados yacen en el templo de este lugar. Se puede leer una placa que reza: “En este recinto que es el coro bajo y entierro de las monjas de San Jerónimo, fue sepultada Sor Juana Inés de la Cruz”. Hoy abriga la Universidad del mismo nombre, institución con gran renombre a nivel internacional.
lunes 14 de febrero de 2011
Barrocos y antojadizos: notas sobre gastronomía y talavera mexicana
Pocos sospecharían que la cerámica mexicana conocida como talavera, en color azul y blanco, tan típica del estado de Puebla, tiene sus orígenes más remotos en la cerámica manufacturada en el medio oriente.[1]
A partir del siglo X las técnicas y estilos procedentes de esas latitudes fueron introducidos a la península ibérica donde se volvió una artesanía local. Posteriormente, este tipo de cerámica estannífera -es decir, con esmaltes o vidriados en plomo y/o estaño-, llegó a la Nueva España con la conquista. En el continente americano recibió el nombre de loza o talavera, en referencia a su lugar de origen: el pueblo español Talavera de la Reina, un importante centro de producción que hasta la fecha sigue activo. Otro de los nombres comúnmente utilizados para referirse a esta manufactura tanto en México como en España fue el de mayólica, término igualmente aceptado hoy en día como genérico para este tipo de piezas.
De todos los pujantes centros urbanos en la Nueva España del siglo XVII fue Puebla de los Ángeles, en el corazón del virreinato, donde la cerámica estannífera encontró las manos de los artesanos más diestros e imaginativos quienes darían a la talavera sus finas características y personalidad propia.
Los loceros poblanos combinaron con gran libertad e ingenio diseños prehispánicos, ibéricos y chinos en un estilo que después resultaría único y reconocible en el mundo entero. Se destaca por supuesto, la decoración de inspirada en las porcelanas chinas importadas por el Galeón de Manila, realizada en azul sobre blanco a la que posteriormente se añadieron otros colores como el amarillo, el verde, el rojo y el siena.
En mayólica se fabricaron tantos tipos de objetos como la imaginación lo permitía: tibores, platos, candiles, jarras y jarrones; así como otros utensilios que hoy en día han caído en desuso como lebrillos, bacinicas, jofainas, escupideras, orinales, mancerinas y albarelos.
Todo esto era parte del menaje superfluo y necesario en palacios, conventos y casas particulares. Sus dueños tenían en tan alta estima estos objetos, que no era extraño que solicitaran decoraciones que incorporaran el escudo de la familia o el de la congregación religiosa a la que pertenecían. Igualmente, en ocasiones se añadían leyendas como: “Soy de mi Señora (…)” o “Sirvo a mi dueño”, por sólo mencionar dos ejemplos.
Entre los utensilios destinados al ajuar doméstico encontramos unos recipientes para guardar alimentos que pueden catalogarse como confiteras. Son vasijas de mediano tamaño con asas y tapa ocasionalmente guarnecidas en plata. Como su nombre lo indica, servían para contener preferentemente golosinas, conservas, almíbares o bizcochos, los cuales hacían las delicias de la mesa virreinal.
Estas confiteras eran almacenadas preferentemente en las cocinas, dentro de despensas y alacenas. Si las piezas eran especialmente lujosas, entonces se mostraban en aparadores junto a lotes de porcelana oriental de Compañía de Indias, búcaros de barro rojo de Tonalá, objetos en fina orfebrería y cristalería de importación.
En un banquete virreinal las golosinas se podían servir en cualquier momento e incluso, varias veces al día. Al no existir la distinción moderna entre platillos dulces y salados, se presentaban a un mismo tiempo entremeses preparados con mucha azúcar, frutas almibaradas y guisos complejos que combinaban especias como canela y nuez moscada con chiles secos molidos, embutidos y animales de caza.
Hacia 1650 hay cambios significativos en la cocina europea provenientes de la corte francesa. Años después la comida novohispana también “se moderniza” incorporando más vegetales y frutas fresca, reduciendo su interés por la sobrecarga de especias y diferenciando los sabores dulces de los salados.<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->
De cualquier manera, hacia finales del siglo XVIII y principios del siguiente, la cocina novohispana ya tenía una personalidad propia producto del intenso mestizaje entre sabores provenientes de distintas tradiciones culinarias: la prehispánica, la europea y la oriental.
Platillos que hoy en día consumimos como el mole, la ropavieja, los buñuelos, la jericalla, el manchamanteles y el afamado chile en nogada son recetas virreinales que han llegado hasta nuestros días en versiones más actualizadas pero sin perder el espíritu barroco, mestizo y trasatlántico que les dio origen. Por éste y muchos otros motivos, la cocina mexicana recibió en el 2010 el reconocimiento por parte de la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad.
De la misma manera que la actual cocina mexicana armoniza influencias ancestrales y sabores cosmopolitas, la cerámica poblana es el resultado de la feliz combinación de técnicas y diseños provenientes de distintas latitudes. La tradición de la cerámica azul y blanca conocida como “talavera poblana” evoca relatos sobre el comercio ultramarino, la asimilación de influencias artísticas y la combinación de diseños locales y foráneos.
Por eso, qué mejor que llevar a nuestra mesa un mole negro o un chile en nogada servidos en platones de talavera creados por los artesanos contemporáneos de la señorial Puebla de Zaragoza, antes de los Ángeles. Una manufactura que, como nuestro tequila, hoy cuenta con denominación de origen, fama y reconocimiento internacional.
jueves 3 de febrero de 2011
VISITA GUIADA LEYENDAS DE COYOACAN SAB 5 FEB 4 PM
DURANTE HORA Y MEDIA CONOCEREMOS LOS PINTORESCOS RINCONES DE ESTE LUGAR HISTORICO D ENUESTRA CIUDAD
cita jardin del centenario en la fuente de los coyotes. 4 pm
Hermoso parque que ocupa la porción poniente del antiguo atrio de la parroquia de San Juan Bautista. Con su apertura se celebró en el ámbito local el primer centenario de la independencia de México en septiembre de 1910.
Conserva el antiguo acceso conocido como Arcada Atrial, un hermoso monumento virreinal de piedra labrada por manos indígenas. También posee dos fuentes alusivas al origen del nombre de la villa, razón por la cual sus principales elementos decorativos son precisamente los coyotes.
PARA MIS AMIGOS QUE NO SE LEVANTAN TEMPRANO AHORA SI LOS ESPERO
COOPERACION 70 PESOS POR PERSONA
CONFIRMA ASITENCIA
55 14840154 MEMO CAMPOS
cita jardin del centenario en la fuente de los coyotes. 4 pm
Hermoso parque que ocupa la porción poniente del antiguo atrio de la parroquia de San Juan Bautista. Con su apertura se celebró en el ámbito local el primer centenario de la independencia de México en septiembre de 1910.
Conserva el antiguo acceso conocido como Arcada Atrial, un hermoso monumento virreinal de piedra labrada por manos indígenas. También posee dos fuentes alusivas al origen del nombre de la villa, razón por la cual sus principales elementos decorativos son precisamente los coyotes.
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