En la colonia Roma se vive una lucha a brazo partido.
Por un lado están los vecinos y las autoridades que están por lograr la declaratoria de monumentos artísticos para ese barrio y, por el otro, el empuje del comercio y de empresas inmobiliarias que buscan aprovechar su ubicación excepcional y su aire cosmopolita.
La esquina de Orizaba y Álvaro Obregón es el punto neurálgico de esta lucha por convertir, o no, a La Roma en una nueva versión de la caóticacolonia Condesa.
En este punto, los trabajos de apertura de un restaurante de comida argentina se aceleran. En la esquina de enfrente, las mesas de otro abierto a finales del año lucen llenas.
Casa Lamm, en la esquina pasando el camellón de Álvaro Obregón, se yergue majestuosa. Y frente a ésta, el edificio Balmori sigue siendo la envidia de todo el que pasa y quisiera vivir en él.
A una cuadra al norte, el Hotel Boutique Brick ocupa una casona que durante años fuera una cerrajería.
Dos cuadras al sur, en la Plaza Luis Cabrera (antes Ajusco), el aire bohemio, sin música estridente, con vegetación exuberante y una fuente, mesas con ensaladas, pastas, emparedados y botellas de vino hacen excepcional a este rincón de la ciudad.
Bajo ese fondo onírico, se libra una carrera contra reloj.
Raúl Romero es el director territorial de Roma-Condesa, una suerte de subdelegado para esa zona, quien vive en la calle Chiapas, por ello toma la defensa de los mil 165 edificios catalogados de patrimonio artístico como tarea personal.
En el escritorio de su oficina muestra el plano recién entregado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) con los edificios catalogados y la leyenda de “Proyecto de declaratoria de zona de monumentos artísticos”.
