Y la clase media mexicana descubrió a Ikea. Ahora, en lugar de ir al McDonald’s (ya tenemos y nos parecen más limpios que allá), los clasemedieros buscamos un hotel cerca de un Ikea, para pasear por ese museo del diseño escandinavo con piezas hechas en Vietnam que terminarán en nuestras salas de recién descubierto minimalismo.
Somos todo aquello contra lo que luchamos hace tiempo, diría José Emilio Pacheco, y ahora nosotros, que nos burlamos tanto del gusto interlomesco (con mármoles importados, aluminio y vidrios polarizados como de película de los hermanos Almada), compramos lo que ya tiene certificado de buen gusto. Hasta donde yo me quedé, ésa era la definición de kitsch: buscar la belleza certificada, para apantallar a nuestros semejantes, más que para disfrutarla.
¿Dónde está ahora esa delgada línea entre comprar para quedar bien con los otros y comprar para disfrutar? Nos llenamos de diseño accesible, en serie, del que se vende en Ikea o en Target y nos olvidamos de encontrar nuestro estilo. Bien por los que le entienden, pero sospecho que una buena parte de nosotros se siente como que vive en una casa disfrazada de departamento muestra.
Me imagino que cultura viene de cultivar, no de comprar. Esta semana, Louis Vuitton empieza una exposición en el Museo de Arte Popular de México (abajo hay una foto del museo y aquí arriba de piezas en venta en la tienda de Polanco). Es una extraña combinación, los millonarios baúles y las piezas mexicanas. Pero, como me explicaba Miguel Ángel Hernández, el director de LV en México, se trata de resaltar que los artículos de la marca son producto del trabajo paciente, calificado y culto de dedicados artesanos, como puede suceder co los artesanos mexicanos.
Yo no le entiendo mucho a eso de gastar tanto dinero en una cartera, una bolsa o un baúl de LV. Y mira que ahora andan con el discurso de que ya no se trata de andar faroleando (ya no es flashy), sino de disfrutar la calidad de los pespuntes. A mil pesos cada uno, más vale. Pero el mensaje podría ser que ahora para comprar buen gusto hay que invertir, además de dinero, tiempo: dedicación para entender la obra y descubrir el trabajo del artesano. Es decir, ser burgués, burgués, porque sólo así se tendría el tiempo libre para cultivar los sentidos.
Como sea, qué bueno que alguien está llamando la atención sobre el trabajo de los artesanos de México. Si los grandes artesanos se convierten en burgueses ¿Eso significará un mejor nivel de vida para quienes trabajan en sus talleres?

