lunes, 26 de abril de 2010

30 AÑOS SIN HITCHCOCK




Esta semana se cumplen 30 años de que un infarto provocado por deficiencias en el hígado y el corazón acabara con la vida de Alfred Hitchcock, conocido como el Amo del Suspenso.



El cine y los cinéfilos no paran de extrañarlo. Su huella sigue en muchas de las películas de terror que se exhiben cada semana en la cartelera, pero lejos están de acercarse a la maestría del inglés, quien poseía el título de sir, otorgado por la reina Isabel II, en 1979.



Alfred dejó todo listo para su muerte, incluido el epitafio: “Esto es lo que les pasa a los chicos malos”, que nadie se atrevió a colocarlo sobre su tumba.



Unas horas antes de fallecer, el 29 de abril de 1980, el cineasta habló por teléfono con una de sus musas, la actriz Ingrid Bergman, a quien le advirtió: “Ingrid, me muero”. Horas más tarde dejó de respirar en su casa de Los Ángeles.



“Me retiraré cuando muera”, mencionó Hitchcock alguna ocasión con su ácido sentido del humor y tras 53 películas cumplió cabalmente su palabra.



Detrás de sí dejó un legado imborrable, con títulos como El hombre que sabía demasiado, Psicosis, con M de Muerte, Intriga internacional, Los pájaros, Número 13, Sabotaje, Los 39 escalones, La sospecha, Rebeca, La soga, Vértigo y La ventana indiscreta, todos ellos clásicos del género del suspenso.



El pequeño Alfred encontró en los textos de Charles Dickens y Edgar Allan Poe, y en el cine silente, el lugar perfecto para refugiarse del mundo exterior, donde era señalado por su regordete aspecto físico y sus ideas descabelladas.



En esa soledad y con la siempre aleccionadora clase media como telón de fondo, comenzó, tras la muerte de su progenitor, su etapa laboral, primero en la Compañía telegráfica Henley y posteriormente, en una rotuladora de los pósters de los estrenos de cine, una profesión que estrechó su interés por el séptimo arte.



Una vez que esa pasión se despertó, Hitchcock se encargó de no soltarla nunca más.