miércoles, 3 de marzo de 2010

POR QUE HAY QUE LAVARSE LAS MANOS




Recuerda usted a Ignaz Semmelweis? Claro que no, y sin embargo, le debe mucho, pues fue él quien hace más de un siglo demostró por primera vez que lavarse las manos con frecuencia ayuda a prevenir la propagación de las enfermedades.



"El doctor Semmelweis trabajaba en un hospital de Viena cuyas pacientes de maternidad morían a un ritmo tan alarmante, que pedían a gritos que las enviaran a casa", comenta la doctora Julie Gerberding, directora del Programa para el Control de Infecciones Hospitalarias de los Centros para el Control de Enfermedades (CCE) de Estados Unidos. "Casi todas las que morían eran atendidas por estudiantes de medicina que manipulaban cadáveres en una clase de anatomía inmediatamente anterior a sus rondas por el pabellón de maternidad".



Como no se lavaban las manos después de tocar los cadáveres y antes de atender a las parturientas (pues en ese entonces se desconocía la importancia de esta práctica higiénica), les transmitían sistemáticamente por contacto las bacterias patógenas de aquéllos.



"La consecuencia era una tasa de mortalidad cinco veces mayor entre las parturientas atendidas en el hospital que entre las que daban a luz en casa", explica la doctora Gerberding.



En un experimento que sus colegas consideraron, a lo sumo, extravagante, Semmelweis obligó a sus alumnos a lavarse las manos antes de atender a las parturientas, y hubo cinco veces menos muertes en el pabellón de maternidad.



"ése fue el comienzo del control de las infecciones", cuenta la doctora Gerberding. "Fue un adelanto histórico, no sólo de los hospitales, sino de la salud pública en general, porque actualmente la importancia de lavarse las manos para prevenir enfermedades está reconocida en todos los ámbitos de la sociedad, entre ellos escuelas, guarderías y restaurantes".



Los especialistas en atención de la salud coinciden en que lavarse las manos es la manera más eficaz de prevenir el contagio de enfermedades. "Es una de las medidas de control de infecciones más extendidas en la sociedad", agregó. "La higiene en general, y la esterilización y la desinfección en particular, son otras prácticas que comenzaron principalmente en los hospitales y luego se difundieron a todas partes. Y siempre estamos buscando otras más".



La especialista citó la Cuarta Conferencia Internacional Decenal sobre Infecciones Relacionadas con la Atención de la Salud y los Hospitales, que se está efectuando en Atlanta, como ejemplo del esfuerzo internacional para prevenir y controlar las infecciones. La conferencia, patrocinada por los CCE, ha reunido a más de 2000 especialistas de todo el mundo a fin de intercambiar información y concebir estrategias para el control de las infecciones.



"Es asombrosa la cantidad de conocimientos y experiencia reunida en un solo edificio", declaró. "Pero, a pesar de toda nuestra experiencia y los enormes avances logrados en tecnología y tratamiento, no hay que olvidar jamás la medida más elemental para prevenir infecciones: ¡Lavarse las manos!"



En el ámbito hospitalario, lavarse las manos impide el contagio de infecciones potencialmente mortales de un paciente a otro, o del paciente al profesional de la salud y viceversa. En el hogar, evita la transmisión de enfermedades infecciosas como la disentería y la hepatitis A de un familiar a otro y, a veces, a toda la comunidad.



"En el hospital, hay que lavarse las manos después de atender a cada paciente", dijo la doctora Gerberding. "En casa, hay que hacerlo antes de preparar la comida, después de cambiar pañales y después de ir al baño".



Nadie discute hoy que lavarse las manos es el arma más eficaz del arsenal médico para prevenir infecciones, pero en la época de Semmelweis la idea no fue aceptada de inmediato. De hecho, su llamado a que se volviera una práctica sistemática en todo el hospital fue tomado a burla. Habrían de pasar todavía 50 años para que la profesión médica aceptara ampliamente la eficacia preventiva de la medida.



"Aun así, hoy en día es la norma", agregó la doctora Gerberding. "Y son incontables las vidas que se han salvado gracias al hallazgo de Semmelweis". Aunque desconocido para la mayoría de la gente, Semmelweis quedó consagrado en la historia de la medicina como autor de una de las mayores contribuciones a la salud pública. En los hospitales y los hogares de todo el mundo, la sencilla y económica práctica de lavarse las manos sigue siendo la primera línea de defensa contra las enfermedades.



Los CCE enumeran cinco posibilidades de transmisión de microbios nocivos en el hogar:



De las manos a los alimentos: los gérmenes son transmitidos de las manos sucias a los alimentos, generalmente por una persona contaminada que no se lavó las manos después de ir al baño. Los gérmenes se propagan luego a quienes comen los alimentos.



De un niño infectado a las manos de un adulto y a otros niños: en el cambio de pañales, los microbios pasan del niño que padece diarrea a las manos del padre o la madre; si éste no se lava inmediatamente las manos y toca después a otro niño, éste se infecta con el agente causal de la infección gastrointestinal.



De los alimentos a las manos y a otros alimentos: los gérmenes pasan de los alimentos frescos y crudos, como el pollo, a las manos, y de éstas a otros alimentos, como las ensaladas. La cocción del alimento crudo elimina los primeros gérmenes, pero la ensalada sigue contaminada.



De nariz, boca u ojos a manos y a otras personas: los microbios que causan resfriados, infecciones oftálmicas y otras enfermedades pueden propagarse a las manos al estornudar, toser o frotarse los ojos, y luego contagiarse a familiares o amigos.



De los alimentos a las manos y a los niños: si el padre o la madre que ha manipulado pollo crudo, por ejemplo, no se lava las manos antes de atender al bebé, puede transmitirle gérmenes como la salmonela.



Lavarse las manos puede prevenir el contagio en todos estos casos. Los CCE recomiendan frotarse vigorosamente las manos con agua jabonosa tibia durante por lo menos 15 segundos.