A juan le gusta morder los labios de diana.
A diana le gustaría a veces algo de violencia en las embestidas de juan, escondido en una monotonía perfecta que hace del sexo una partida de ajedrez predecible y rápida.
Jaime piensa en diana mientras maria ve la televisión a su lado. Jaime rejuvenece en cada excursión clandestina, en cada visita al hotel donde explora el deseo de cada botón desabrochado en la camisa de diana.
A María el sexo de Jaime le parece monótono y triste. Pero es su sexo, compartido tantas veces que ni lo imagina en otros brazos. No perdonaría una mentira. Pero el sexo es otra cosa y, en caso de que se abrieran otras puertas, estaría dispuesta a aceptar que Jaime cruzara ciertos umbrales. Pero no, Jaime nunca buscaría lo que ella puede darle llegado el caso.
La mentira es una navaja de doble filo.
diana besa a juan con el calor de un rescoldo perdido mientras suena un mensaje en el móvil con la hora y el lugar de su próxima cita con Jaime.