miércoles, 10 de febrero de 2010

POR QUE LOS PRINCIPES LUEGO SE VUELVEN RANAS.....






Vivimos embaucados por sueños de historias de amor imposibles y cuentos de hadas, cuando el mayor cuento suele ser la propia vida, donde muchas veces el príncipe azul destiñe o ¡ay contradicción! te sale rana. Eso por no hablar de las perdices, que están por las nubes, pero por las nubes de caras me refiero, y toca comprar filetes de pollo en bandejas de unicel que es menos idílico pero mucho más barato.



Pero de ilusión se vive (y de pollo), así que en la espera podemos entretenernos con esta cosa que acabo de encontrar: Un bote que encierra una ranita y que, al llenarlo de agua, la transforma en un príncipe. ¡Oh, qué babosada! Pero espera, no se vaya todavía aún hay más: Si mojas al Príncipe éste aumenta de tamaño (?¿). No sé si hay algún mensaje subyacente con eso de que el príncipe se crece cuando se moja, pero ahí lo dejo y que cada cual saque sus propias conclusiones.



Termino con una pregunta que me carcome las entrañas: si al besar a una rana se te aparece un hombrecito... ¿qué te aparecerá si besas a un hombre-rana? ¿Una rana azul? ¿Una rana vaga? ¿O un príncipe vestido de neopreno?