miércoles, 10 de febrero de 2010

PARA EL DIA DEL AMOR







Al amor llegué con un grito de seda



y puse las dos mejillas,


el cuerpo y la conciencia.






Nada quedó de mí,


ni siquiera una carta,


ni siquiera un espejo en donde reconocerme.


Mas aprendí a pasar


por el ojo de la aguja,


es decir a perdonar sinceramente.


A dejar la piel en el alambre,


a dolerme desde los pies


a la cabeza.






Lo perdí todo.


Y cuando entendí que no sabía defenderme de la gente,


respondí con una bofetada de ternura,


porque yo sé


que sólo los dulces heredarán la tierra.










--Mía Gallegos


San José, Costa Rica · 1953