Las fiestas del Centenario de la Independencia mantuvieron ocupada a la administración de Porfirio Díaz por varios años. Para el investigador Carlos Martínez Assad, el monumento a la Independencia es un indicador de cuánto fue el tiempo que se planearon los festejos, es decir, desde casi iniciado el siglo XX hasta 1910.
El crecimiento de la ciudad parecía ir en paralelo con los planes que había para conmemorar los 100 años de vida independiente. Las líneas de tranvías que atravesaban la capital iban en aumento, así como la cartelera teatral, los cinematógrafos y los servicios que los hoteles y restaurantes ofrecían.
Para 1910, dice Martínez Assad, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la capital no sólo se había convertido en el lugar de la concentración de la riqueza, de la residencia de la élite y marco privilegiado de la sociabilidad, sino en la reina de las ciudades.
El programa de los festejos del Centenario, que comenzaba con una reseña histórico-geográfica que trataba de mostrar la imagen de México como el cuerno de la abundancia, duró todo septiembre y los primeros días de octubre, como se consigna en el libro Crónica oficial del primer Centenario de la Independencia de México, coordinado por Genaro García.
Se consigna el numeroso grupo de embajadores invitados y asistentes a las fiestas, como el marqués de Bugano, Alfredo Capece Minutolo y su esposa; la baronesa y el barón Yasuya Uchida, en representación de la embajada japonesa, y Henry Lane Wilson, por parte de Estados Unidos, señala Martínez Assad.
Con motivo de las festividades, las delegaciones extranjeras aportaron diferentes obras y regalos al país, de acuerdo con el investigador en su libro La Patria en el Paseo de la Reforma.
Algunos de esos obsequios provinieron de países como España, cuya embajada devolvió las prendas personales de José María Morelos y Pavón, que estaban en un museo de Madrid y que a decir de Martínez Assad fue uno de los actos que más conmovió a los mexicanos, por su simbolismo y porque con eso se honraba a uno de los mártires más importantes.
El rey de España Alfonso XII fue quien aceptó devolver las prendas despojadas a Morelos en 1814, así como un retrato pintado al óleo, el pectoral del obispo de Puebla, que él usaba y el uniforme de capitán general con dos bandas, entre otros objetos.
La devolución también incluyó varias banderas y fue el propio Díaz quien los recibió en el Salón de Embajadores de Palacio Nacional. Actualmente estos objetos se encuentran en exhibición en el Castillo de Chapultepec.
“Era una costumbre que iniciaron los países imperialistas; intercambiaban regalos por cuestiones más valiosas, por ejemplo saqueaban los obeliscos de Egipto y dejaban a cambio un reloj, es decir, los gestos eran como compensatorios de lo que ellos habían obtenido. Bajo esa lógica se ‘regalaban’ o se ‘donaban’ objetos que consideraban significativos, considera Martínez Assad .
“Existen en todo el mundo relojes ingleses, en Pachuca tenemos uno, que fue donado luego del saqueo paulatino. Sí eran actos de buena voluntad, pero no compensaban los beneficios que los extranjeros obtenían de una nación.
“Durante los festejos fueron muy bien atendidos, se les invitó a las fiestas de gran lujo, se arreglaron casas para hospedarlos, en fin, se les dieron todas las comodidades para permanecer en México. Sin embargo, quedan para la historia y creo que sería relevante que las autoridades correspondientes se planteen la idea de restaurarlos según el daño que presenten”.
La colonia turca, compuesta por libaneses que en ese entonces se les confería la nacionalidad del imperio otomano, donó el 22 de septiembre de 1910 un reloj, el cual fue colocado a un lado de la Fuente de las Ranas, frente al Colegio de Niñas. Hoy está localizado en la esquina de Venustiano Carranza y Bolívar, en el Centro Histórico. Parte de su estructura de piedra y áreas tapizadas de azulejo están desprendidas.
La colonia estadunidense residente en la Ciudad de México acudió a la Plaza Dinamarca, en la colonia Juárez, para señalar el lugar donde se instalaría el monumento a Washington que ofrecía al pueblo mexicano. Actualmente se encuentra en la Tercera Sección del Bosque de Chapultepec.
Francia donó el monumento a Louis Pasteur, cuya primera piedra fue colocada el 11 de septiembre de 1910 en el jardín que se encontraba entre la estatua de Cuauhtémoc, en el Paseo de la Reforma, y la estación del Ferrocarril Nacional. La ubicación no ha cambiado, está en la calle VillalongínNacional. La ubicación no ha cambiado, está en la calle Villalongín, casi esquina con avenida Insurgentes. Se mantiene completo y presenta suciedad y decoloración propias del paso del tiempo.
La colonia china dio al país el reloj público situado en el cruce de Bucareli y Atenas, en lo que fuera la fuente de La Libertad. A la fecha no ha cambiado su ubicación y funciona, pero su estructura presenta daños, en su entorno se acumula basura y presenta cristales rotos. También entregó el Salón Chino, compuesto por objetos y muebles, que se encuentra ahora en el Castillo de Chapultepec.
El 20 de septiembre de 1910 se colocó la primera piedra del busto a Giuseppe Garibaldi, obsequio de la colonia italiana. Según el investigador Carlos Martínez Assad se colocó en la esquina de Chapultepec y Cuauhtémoc, donde actualmente se encuentra un busto que carece de placa y cuya estructura muestra daños y grafiti. Además, esta delegación entregó una reproducción de la escultura de San Jorge, de Donatello, que fue colocada en un nicho en la Academia de San Carlos. En 2005 fue derrumbada por los ambulantes de la zona, por lo que la UNAM se dio a la tarea de analizar la obra y comenzó a restaurarla en 2007. El pasado 4 de febrero fue reinaugurada y ahora se encuentra en buen estado y en exhibición.
