
Si los Reyes Magos fueran mexicanos en lugar de oro, incienso y mirra, traerían plomo, peyote y carbón.
Si los Reyes Magos fueran mexicanos, el niño de la rosca saldría agarrándose los bajos o en lugar de niño sería un gallito inglés.
Aunque algo me dice que poco a poco la tradición se está mexicanizando, porque la mayoría hemos dejado de decirle “niño” al muñequito de la rosca y preferimos decirle: “mono”.
Si los Reyes Magos fueran mexicanos, Baltasar no sería negro, sería prieto… y los que se ofrecieran a cuidar su elefante le dirían:
–Güero, güero, ¿le cuido su paquidermo?
Si los Reyes Magos fueran mexicanos y se hiciera una telenovela de ellos, los tres Reyes seguro serían: Eduardo Yáñez, Jorge Salinas y Pablo Montero.
Mis papás eran tan apegados a las tradiciones que cada 6 de enero, en el zapato que les dejaba a los Reyes Magos, había un granito de arroz bañado en oro, una varita de incienso que olía a pachuli y una bolsita con resina aromática que se llama mirra.
Uta y Juanito Farías quejándose en el Festival de Juguemos a Cantar porque nomás había recibido un viejo caballo de palo.
A él por lo menos su caballo de palo le sirvió de espada una vez, pero a mí para lo único que me sirvió el aroma a pachuli y a mirra fue para que los papás de mis amigos pensarán que vivía en una comuna hippie y les prohibieran juntarse conmigo.
Eso de prohibirle a un niño de siete años juntarse con otro niño de siete años siempre me pareció injusto.